en el capitolio, el 9 de octubre, roma ofrecía un sacrificio a la buena suerte. la suerte misma era la diosa, con culto propio y día fijo en el calendario. de aquel rito no ha llegado ni una escena. ninguna fuente antigua dice qué se sacrificaba, quién oficiaba ni por qué ese día. lo que queda es una casilla de calendario, y conviene leer primero lo que dice la piedra y después lo que se ha puesto encima.
la casilla existe dos veces. los fasti de los hermanos arvales, un calendario de mármol de época de augusto que llevaba ese colegio de sacerdotes, anotan al 9 de octubre: genii publici, faustae felicitati, veneri victrici in capitolio, apollini in palatio. y los fasti amiternini, grabados hacia el año 20 de nuestra era en amiterno, en tierra sabina, repiten la entrada casi palabra por palabra —genio publico, faustae felicitati, veneri victrici in capitolio, apollini in palatio— y añaden ludi, juegos. al genio público, a fausta felicitas y a venus victrix en el capitolio; a apolo en el palatino.
el día lleva además dos letras. una es la del mercado: la semana romana tenía ocho días marcados de la a a la h, y al 9 de octubre le toca la b. en la copia de los arvales esa letra está restituida por los editores, pero la fija el ciclo: la casilla del 1 de octubre, ocho días antes, conserva la misma b. la otra letra clasifica el día, y la conservan los amiterninos: c, comitialis, día hábil en que se podía convocar al pueblo y votar. no era una feria. en estos calendarios el estatuto del día va en letras grandes y las anotaciones de culto en letras pequeñas, de modo que la casilla es un sacrificio añadido sobre un día laborable.
todo lo demás es lectura moderna, y conviene decirlo por partes. que in capitolio rija los tres nombres y no sólo el de venus es la interpretación de todo el mundo, pero es interpretación. que hubiera allí un santuario o un altar del genio es una inferencia: platner y ashby escriben que «probablemente» lo había. si los tres compartían santuario o cada uno tenía el suyo no está cerrado, pero ellos mismos se inclinan: «la segunda hipótesis es la más probable». el pleito sigue abierto en la bibliografía: degrassi y cenerini deducen de la casilla un santuario propio del genio en el capitolio; palombi sostiene que sólo prueba que allí recibía culto junto a otras divinidades. un sacrificio pide un altar, y la casilla sitúa el rito en el capitolio: hasta ahí llega la evidencia. un templo propio, no. que el 9 de octubre sea el aniversario del templo de apolo en el palatino, dedicado por octaviano en el 28 a.n.e., es una deducción a partir de estos mismos calendarios: casio dión da el año y no el día. y los ludi de amiterno no dicen de quién son: nada en la casilla los ata al genio ni a apolo.
el sacrificio del capitolio siguió en su casilla, sin cara. el genio de la esquina ya tenía la del hombre que mandaba.
un genio, en roma, era un dios personal. censorino lo define como «el dios bajo cuya tutela vive cada uno desde que nace», y añade que nos acompaña sin apartarse «ni un instante», desde el vientre de la madre hasta el último día. «cada romano tenía el suyo» es la versión corta: séneca recuerda que los antepasados dieron a cada uno un genio y una juno, y la lectura corriente reparte el genio al varón y la juno a la mujer, y censorino registra que ya discutían el número: algunos daban dos genios a las casas de casados, y euclides el socrático, dos a todo el mundo.
roma le dio uno al pueblo entero. el culto público a un genio es antiguo: en el invierno del 218 a.n.e., en la ronda de expiaciones que siguió al desastre del trebia, livio registra que «al genio se sacrificaron cinco víctimas mayores», y la mayoría de los especialistas lee ahí el genio del pueblo romano, o el genio público. eso no dice nada de la tríada del 9 de octubre, que sólo conocemos por dos calendarios de época imperial —en el calendario pintado de anzio, anterior a césar, la casilla de ese día no se conserva—, pero impide presentar el genio colectivo como un invento del imperio.
que el genius publicus del calendario sea el genius populi romani de las monedas es una identificación que aceptan muchos especialistas, apoyada en que publicus se forma sobre populus. ojo con quién lo dice: el comentario de judaism and rome que expone esa identificación defiende a renglón seguido lo contrario, que el genio público «no es exactamente» el del pueblo romano, porque en amiano protege al emperador. y avisa de que del genius publicus no se conserva ninguna imagen en monedas ni relieves: la cornucopia y la pátera son del genio del pueblo romano. amiano, más de tres siglos después de la casilla, hace que el genio público se le aparezca a juliano en la galia «con la forma con que suele representarse», y otra vez, poco antes de su muerte, saliendo de su tienda con la cabeza y el cuerno de la abundancia cubiertos por un velo.
al lado, dos éxitos convertidos en diosas. fausta felicitas es la suerte que sale favorable; venus victrix, la que da la victoria. cuidado con la otra: la venus victrix célebre es la del teatro de pompeyo, dedicada en su segundo consulado, en el 55 a.n.e., según plinio, con su aniversario el 12 de agosto, cuando los mismos arvales anotan a venus victrix, a honos, a virtus y a felicitas, entre otros, in theatro marmoreo. es el templo que tirón, el liberto de cicerón, describe en aulo gelio como aquel «cuyos escalones hacían de teatro». la del capitolio sólo se conoce por la casilla del 9 de octubre.
el genio del pueblo romano tenía además un santuario en el foro, que casio dión menciona dos veces, las dos como escenario de prodigios: buitres posados en él y en el de la concordia en el 43 a.n.e., y una lechuza que en el 32, en vísperas de accio, acabó posándose en él. dión no dice dónde estaba: «en el foro, junto a la concordia» lo deducen platner y ashby de esa vecindad y de otros indicios. del capitolio, dión no dice nada.
y el cierre lo pone ovidio, ya bajo augusto: la ciudad, escribe, tiene mil lares y el genio del jefe que se los dio, y los barrios veneran tres divinidades. los dioses pequeños de las encrucijadas llevaban ya al lado el genio de un hombre con nombre propio.