un hombre volvió de viaje y entró en roma de noche para esquivar el recibimiento que le preparaban en la ciudad. de aquella llegada sin público salió un día de fiesta con su nombre. ocurrió el 12 de octubre del año 19 antes de nuestra era, y el viajero era augusto, que llevaba cerca de tres años en oriente. el calendario de amiterno lo registra así: fiesta por decreto del senado, porque ese día el emperador césar augusto volvió de las provincias de ultramar y entró en roma; se constituyó un altar a fortuna redux.
roma no lo había echado de menos en calma. casio dión cuenta que el segundo consulado de aquel año seguía sin cubrir, que las elecciones volvieron a acabar en disturbios y muertes, y que el senado mandó embajadores a augusto. él nombró cónsul a uno de ellos, quinto lucrecio, un hombre cuyo nombre había figurado en las listas de proscripción. por esto y por lo que había hecho fuera se le votaron honores de todas clases; dión dice que no aceptó ninguno salvo dos: el altar de fortuna redux, la fortuna que devuelve a casa, y que el día de su llegada se contara entre los festivos con el nombre de augustalia. y luego la escena: como magistrados y demás se preparaban para salir a recibirlo, entró de noche.
hubo, sin embargo, un recibimiento oficial, y lo cuenta él mismo. las res gestae dicen que, por acuerdo del senado, parte de los pretores y de los tribunos de la plebe, con el cónsul quinto lucrecio y los principales de la ciudad, salieron a su encuentro hasta campania, «un honor que hasta hoy no se ha decretado a nadie salvo a mí». no rechazó el homenaje; rechazó la escena en la puerta. aceptó la delegación en el camino, esquivó a la multitud y dejó escritas las dos cosas como mérito.
el altar se levantó junto al templo del honor y la virtud, en la puerta capena, por donde entraba la vía apia. que augusto volviera por ahí es la inferencia habitual —venía del sur y el altar se le puso en esa puerta—, no un dato de fuente. los calendarios separan dos trámites: el 12 de octubre el altar se constituye; el 15 de diciembre, según el feriale de cumas, se dedica, con acción de gracias a fortuna redux «que devolvió a césar augusto de las provincias de ultramar». no se conserva resto alguno: platner y ashby no registran ninguno y remiten su imagen a las monedas, entre ellas las del monetal quinto rustio. un poeta de aquellos mismos años dejó una alusión a la misma puerta: en propercio, una muchacha que espera a su hombre de la guerra promete llevar armas votivas a la puerta capena y firmar debajo «agradecida, con su hombre a salvo».
con el altar venía una orden, y aquí está lo delicado: sólo la conocemos porque la escribió él. las res gestae dicen que el senado consagró el altar «por mi regreso», que ordenó a los pontífices y a las vírgenes vestales hacer allí un sacrificio cada aniversario del día en que volvió de siria, y que llamó al día augustalia «por mi cognomen». el documento es el índice de sus propios actos que, según suetonio, dejó sellado entre sus últimas voluntades, depositadas en poder de las vestales, para grabarlo en bronce ante su mausoleo. el texto que leemos es la copia de ancira, y su encabezamiento se declara copia de las dos columnas de bronce de roma, que no se conservan; ese encabezamiento ni siquiera es suyo: lo redactó tiberio, o alguien por orden suya, para las columnas. cuando dice «el senado consagró», quien firma la frase es el beneficiario.
dos detalles del mismo texto. la versión de augusto dice que volvía «de siria»; los calendarios, «de las provincias de ultramar». y el nombre: no el de la diosa, que habría dado algo como fortunalia, sino el suyo.
no rechazó el homenaje: rechazó la escena. y registró las dos cosas como mérito.
el nombre en piedra plantea un problema de registro, no de testimonio. el calendario de amiterno, el que describe la entrada y el altar, es posterior a la muerte de augusto: su mes de octubre ya anota juegos del año 14 en honor del divino augusto. de los calendarios anteriores no tenemos un octubre que diga otra cosa. es un silencio del archivo, no una prueba de que el nombre se inventara después.
las fuentes antiguas, además, no coinciden sobre qué se celebraba. dión cuenta que en el 11 a.n.e. las cacerías del cumpleaños las pagaba casi todos los años uno de los pretores, «aunque no estuviera autorizado por decreto», mientras que las augustalia «se celebraron entonces por primera vez en virtud de un decreto». pero en otro pasaje llama augustalia a la fiesta «que se celebraba en honor de su cumpleaños», que es el 23 de septiembre, no el 12 de octubre. y tras su muerte vuelve a separarlas: los cónsules se encargarían del cumpleaños y los tribunos de las augustalia. el día que lleva su nombre y el día en que nació no son el mismo, y ya los antiguos los mezclaban.
en el 14 de nuestra era, con augusto ya divinizado, la fiesta se hace grande. tácito registra ese año el nuevo sacerdocio de los sodales augustales, veintiuno sacados a suerte entre los principales de la ciudad, y que los primeros juegos augustales los reventó una pelea entre actores. «fiesta nacional», por cierto, es una analogía moderna: la categoría romana era feriae ex senatus consulto, un día festivo por decreto del senado, con sacrificio obligatorio.
el día quedó clavado entre dos ritos mucho más antiguos, las meditrinalia del 11 y las fontinalia del 13. en el calendario de filócalo, del año 354, con el imperio ya cristiano, el 12 de octubre sigue diciendo AVGVSTALES · CM · XXIIII: veinticuatro carreras de circo. lo preceden los juegos alamánicos del 5 al 10, y el 11 está en blanco. del 19 antes de nuestra era al 354 van trescientos setenta y dos años: casi cuatro siglos de carros por un viaje que su protagonista terminó de noche, para que nadie lo viera llegar.