el 5 de septiembre roma abría los ludi romani, y quien participaba en ellos sabía una cosa incómoda: si un solo gesto del rito salía mal, la fiesta no se corregía sobre la marcha, se repetía desde el primer día. los romanos lo llamaban instauratio, y no era una amenaza retórica: las fuentes conservan un caso en que la ciudad volvió a empezar unos juegos que ya eran, ellos mismos, una repetición.
eran los juegos de júpiter, y roma los tenía por los más antiguos de la ciudad — conviene decirlo atribuido, porque esa antigüedad descansa en la tradición y no en evidencia independiente. tito livio la lleva al reinado de tarquinio prisco, el rey que según él fijó el lugar del circo máximo y dejó los juegos como cita anual: sollemnes deinde annui mansere ludi, romani magnique varie appellati (i, 35).
conviene matizar algo que la divulgación suele atropellar, y es la fecha de la que todo el mundo tira. el 366 antes de nuestra era circula como el año en que los juegos pasan a ser anuales, a cargo de los ediles curules recién creados. livio, que es la fuente, no dice eso: en vi, 42 el senado decreta celebrar los ludi maximi, añadir un día a los tres que ya tenían y, al negarse los ediles plebeyos, crear dos ediles patricios. cuatro días, no quince. la anualidad desde el 366 la formula scullard, no livio.
la fiesta arrancaba con la pompa circensis, que bajaba del capitolio, cruzaba el foro y entraba en el circo. la descripción antigua más detallada que se conserva es la de dionisio de halicarnaso (vii, 72), tomada según él de quinto fabio pictor: delante, los magistrados; detrás, los muchachos —a caballo los de familias con censo de caballería, a pie los demás—, los aurigas, los atletas, los coros de danzantes y los músicos; y cerrando el desfile, a hombros, las imágenes de los dioses. los dioses no abrían la comitiva: la clausuraban. que presidieran luego las carreras desde el pulvinar está bien atestiguado —augusto se lo anota en las res gestae, 19—, pero no en ese pasaje: son dos datos distintos y conviene no fundirlos.
un rito que se puede repetir entero es un rito que admite que puede salir mal.
el caso que fija la regla lo cuenta livio en ii, 36. en unos juegos, por la mañana, antes de empezar el espectáculo, un cabeza de familia hizo azotar a un esclavo bajo la horca y lo llevó así por mitad del circo. los juegos siguieron, escribe livio, como si aquello no tuviera nada que ver con la religión. la ofensa llegó después, y en sueños: júpiter se apareció al plebeyo tito latinio para decirle que el bailarín que había abierto la procesión no le había gustado. latinio calló, se le murió el hijo, quedó paralítico, y solo cuando lo llevaron a la curia y lo contó, el senado decretó repetirlo todo.
los avisos conviene contarlos con cuidado, porque las fuentes no coinciden: livio narra dos, cicerón habla de una tercera admonición (sobre la adivinación i, 55) y dionisio describe tres apariciones (vii, 68). livio y cicerón tampoco coinciden en las repeticiones: livio cuenta una, y el azote es su causa; cicerón, dos: los juegos del esclavo ya repetían unos que una llamada a las armas había interrumpido, y se repitieron otra vez. y ninguno de los dos pasajes latinos llama «ludi romani» a esos juegos: livio los llama ludi magni, y en repetición; cicerón, ludi votivi maximi celebrados por primera vez durante la guerra latina, lo que encaja mal con unos juegos anuales ya establecidos. que sean el antepasado directo de los ludi romani es reconstrucción moderna: plausible, pero no probada.
el otro dato que la tradición ancló aquí es el nacimiento de la literatura latina. en el 240 antes de nuestra era, bajo los cónsules cayo claudio y marco tuditano, livio andrónico estrenó la primera obra de teatro latina; así lo fecha cicerón en el bruto (72). lo que cicerón no dice es que fuera en los ludi romani —eso viene de casiodoro, que además lo data en el 239—, ni que la obra fuera traducción del griego, ni que andrónico fuera liberto: eso lo dan jerónimo y aulo gelio. y allí mismo deja constancia de que los eruditos discutían la fecha. el 240 no es un dato de archivo: es el punto de origen que los romanos se fijaron a sí mismos.
hasta la fecha de hoy tiene capas: los quince días del 5 al 19 de septiembre son el programa de la república tardía, y el único calendario prejuliano conservado, los fasti antiates maiores, solo rotula ludi magni los días 8, 9 y 10, con el 5 marcado como las nonas de júpiter estátor. lo que no cambió es el mecanismo que beard, north y price ponen en el centro del culto romano: la repetición de la fórmula exacta, donde un solo error basta para invalidar el acto entero. roma se inventó su literatura de refilón, como un número más del programa, mientras vigilaba que el desfile saliera exacto. lo primero no le costó nada; lo segundo, si fallaba, se pagaba en días de calendario.