estatua romana de mármol de apolo sentado con su lira, siglo ii d.c., museo arqueológico nacional de nápoles (colección farnese)
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festival

los juegos de apolo en plena guerra púnica

lvdi apollinares

publicado

con aníbal suelto por italia y la moral rota tras cannas, roma respondió fundando unos juegos en honor de apolo. no eran una distracción — eran la manera de convencerse de que los dioses seguían de su lado.

con el enemigo más temido de su historia suelto por italia, roma respondió con una idea insólita: ordenó a sus ciudadanos vestirse de gala y celebrar una fiesta.

ocurrió un día como hoy, un 5 de julio del año 212 antes de nuestra era. roma llevaba años sangrando. aníbal barca había aniquilado un ejército tras otro en suelo italiano —su peor golpe, cannas, aún pesaba como una losa— y la moral de la ciudad estaba rota. capua, la segunda ciudad de italia, se había pasado al bando cartaginés tras el desastre, y cada primavera traía la misma pregunta: qué caería después. en ese clima salieron a la luz los carmina marciana, unos versos proféticos atribuidos a un vidente llamado marcio. uno de ellos —se contaba— había anunciado el desastre de cannas. el otro prescribía el remedio: fundar unos juegos en honor de apolo, los ludi apollinares. el senado, antes de comprometerse, mandó a los decénviros consultar los libros sibilinos, las profecías oficiales del estado. y los libros ratificaron el remedio.

apolo no era una elección al azar. roma lo veneraba como dios de la profecía y, sobre todo, de la curación: su único templo en la ciudad se había alzado más de dos siglos antes, contra una peste. era exactamente el patrón que necesitaba un pueblo que buscaba sanar de la guerra. el pretor urbano —el magistrado que impartía justicia en la ciudad— celebró los primeros juegos, y aquello no fue una plegaria callada: días enteros de carreras de carros y de teatro pagados por el estado, con la gente coronada y obligada a festejar en público.

seguir celebrando era, también, una forma de no mostrar miedo.

la prueba llegó un año después. en el 211, aníbal marchó por fin sobre roma. no venía a asaltarla —seguía sin máquinas de asedio—, sino de amago: roma había puesto sitio a capua para castigar su deserción, y aníbal quería obligar a las legiones que la estrangulaban a soltar la presa. cabalgó con dos mil jinetes hasta la puerta colina, a la vista misma de las murallas. y livio cuenta que, mientras cundía la alarma y los hombres corrían a las almenas, los juegos de apolo no se detuvieron. la ciudad hizo las dos cosas a la vez: guarnecer las murallas y sostener la fiesta.

ahora, el matiz historiográfico de costumbre. una profecía que «anuncia» cannas y que sale a la luz justo después de cannas huele a lo que parece: los historiadores llaman a esto profecía post eventum, la validación retroactiva de un texto oportuno. no sabremos nunca cuánto teatro político hubo en el hallazgo: un senado que necesitaba dar esperanza encontró, muy oportunamente, un texto que ordenaba fabricarla. livio, además, escribe casi dos siglos más tarde. lo que está fuera de duda es lo institucional: los juegos se celebraron, se repitieron, y en el 208, a raíz de una peste, una ley los fijó para siempre en una fecha de julio, año tras año.

los juegos sobrevivieron a aníbal y a la propia república que los fundó como remedio de urgencia. porque no eran una simple distracción: eran la manera de convencerse de que apolo seguía del lado de roma. y mientras lo creyeran, ningún romano iba a rendirse. el cierre admite poca vuelta: cartago tenía al mejor general del mundo; roma tenía un calendario de fiestas. ganó el calendario.

⁕ ⁕ ⁕ aparato ⁕ ⁕ ⁕

fontes classicae.

  1. i. tito livio · ab urbe condita xxv, 12 y xxvi, 10

bibliografía moderna.

  1. i. h. h. scullard · festivals and ceremonies of the roman republic
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.