agosto no lleva ese nombre por el cumpleaños de un emperador. lo lleva por una conquista. ocurrió un día como hoy, el 1 de agosto del año 30 antes de nuestra era: las legiones de octaviano —el futuro augusto— entraron en alejandría casi sin encontrar resistencia.
marco antonio, viendo la partida perdida, se quitó la vida; pocos días después lo hizo cleopatra. con ellos moría el egipto de los ptolomeos, la dinastía griega que reinaba desde los tiempos de alejandro magno, y desaparecía el último gran reino independiente del mediterráneo. según suetonio y casio dión, el botín de los faraones fue tan colosal que, de vuelta en roma, octaviano saldó deudas del estado y repartió dinero entre el pueblo —los congiaria que él mismo enumeraría después en sus res gestae— hasta el punto de que el dinero abundó en la ciudad, cayeron los tipos de interés y se disparó el precio de la tierra.
y egipto no se convirtió en una provincia cualquiera. octaviano se la quedó casi como una finca privada: la gobernaba un prefecto de rango ecuestre, no un senador, nombrado personalmente por él, y ningún senador podía siquiera pisar el país sin su permiso expreso —una prohibición que tácito seguía registrando generaciones después, ya bajo tiberio. el granero que alimentaría a roma durante siglos era, en la práctica, suyo.
el nombre del mes no celebra su cuna: celebra el mes en que se hizo dueño del mundo.
años más tarde, el senado, en un gesto de adulación calculada, rebautizó sextilis —el viejo sexto mes del calendario— como augustus. y aquí está el detalle que casi nadie cuenta: según suetonio, augusto prefirió este mes al de septiembre, en el que en realidad había nacido, precisamente porque en sextilis había logrado su primer consulado y sus mayores victorias militares. el nombre no conmemora su nacimiento: conmemora el mes en que se convirtió en dueño del mundo conocido.
ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse. una leyenda tardía, atribuida al monje medieval johannes de sacrobosco, sostiene que se le «robó» un día a febrero para que agosto no quedara más corto que julio y el emperador no saliera perjudicado frente a su predecesor. es una historia pegadiza, pero blackburn y holford-strevens la desmienten con detalle en the oxford companion to the year: las longitudes de todos los meses ya habían quedado fijadas por la reforma juliana del calendario, décadas antes de que sextilis cambiara de nombre. nadie estiró agosto a costa de febrero; augusto no necesitó robarle un día a ningún mes. le bastó con ganar un mes entero por derecho de conquista.
la ironía sobrevive en el propio calendario que usamos hoy. cada vez que se escribe la fecha de un 1 de agosto, se invoca —sin saberlo casi nadie— la caída de alejandría, el final de tres siglos de reyes griegos en egipto y el nacimiento silencioso de un imperio que gobernaría el mediterráneo durante los quinientos años siguientes. como recuerda rüpke en su historia del calendario romano, pocos monumentos han sobrevivido tan bien al paso del tiempo como un simple nombre repetido doce veces al año.