un día al año, en roma, se echaban coronas de flores dentro de los manantiales y a los pozos se les ponía una corona encima. eran las fontinalia, y caían cada 13 de octubre. lo cuenta varrón en el libro sexto de su tratado sobre la lengua latina, y lo dice en una sola frase: «de fons, porque ese día son sus ferias; por eso entonces echan coronas a las fuentes y coronan los pozos». varrón está explicando de dónde sale un nombre, no describiendo una ceremonia. no dice quién oficiaba, ni qué se pedía, ni una palabra de agua corriente o canalizada.
el nombre mismo tiene dos formas, y conviene enseñarlas. el texto crítico de varrón escribe fontanalia, con a: así lo imprimen las ediciones de goetz y schoell y de kent, sin nota sobre la forma. fontinalia, con i, es la de la tradición lexicográfica, la que ha fijado el nombre en la bibliografía moderna y la que explica la porta fontinalis; y es también la que imprime warde fowler cuando cita a varrón, normalizándolo. quien abra un libro y otro verá las dos.
esa frase de varrón es la única descripción antigua del gesto. pero no es el único rastro de la fiesta. el diccionario de verrio flaco, de época de augusto, que sólo conocemos resumido por festo y resumido otra vez por paulo diácono en el siglo viii, la despacha en dos palabras —fontinalia, fontium sacra, «ritos de las fuentes»— y añade: «de ahí también, en roma, la puerta fontinal». no copia a varrón: define la fiesta de otro modo y nombra una puerta que él no nombra. fowler escribió que todo lo que se sabe de esta fiesta tan antigua cabe en unas pocas palabras de varrón, pero su propia nota remite también a festo, así que la frase sólo se puede citar con su nota.
el día está además en los calendarios. fowler, en 1899, lo registraba marcado np y con font[inalia] en varios calendarios de piedra, todos de época de augusto o posteriores, y con feriae fonti, «fiesta de fons», en el de amiterno. el origen de la sigla np sigue sin resolverse, y el propio fowler lo reconocía; no conviene glosarla como «fiesta pública» sin decirlo. dieciséis años después de su libro apareció en anzio el único calendario romano anterior a la reforma de césar que se conserva, pintado sobre estuco, y en su columna de octubre el 13 conserva el nombre, fo[n]t(inalia), con una sola letra restituida, aunque la sigla np sí está restituida: la fiesta está atestiguada en plena república. y cuatro siglos más tarde ya no estaba: en el calendario de filócalo, del año 354, el 13 de octubre dice juegos de júpiter liberador.
lo que roma construyó se podía medir en pasos, y frontino lo midió entero. lo que se le echaba a un pozo, no.
¿había un dios fons? varrón lo hace dueño del día, y cicerón registra un santuario suyo, un delubrum fontis que dedicó un masón «de córcega», aunque el pasaje es una reducción al absurdo contra los estoicos en boca de cota —si la tierra es diosa, también lo serán los ríos y las fuentes—, no una descripción de culto. el mismo cicerón usa el altar de fons como referencia topográfica: la tumba de numa, dice, estaba no lejos de él. situar ese altar en el janículo es juntar su frase con otra de livio, que cuenta que en el 181 a.n.e. apareció «bajo el janículo» un arca rotulada como sepulcro de numa, y que al abrirla estaba vacía: es una inferencia, no un dato. la puerta fontinal está viva en el 193 a.n.e., cuando dos ediles llevan un pórtico desde ella hasta el altar de marte; fowler la ponía en el campo de marte, pero platner y ashby la conocen sólo por dos pasajes literarios y tres inscripciones, y la sitúan con dudas al nordeste del capitolio. la duda de fowler no es si existió fons, sino qué clase de dios era: un caso, escribe, en que la multiplicidad pasa a una casi unidad, «pero fons no sobrevivió mucho en esa fase».
lo que sigue es lectura de esta entrada, no de las fuentes: varrón no menciona acueductos y frontino no menciona ni las fontinalia ni a fons. frontino, a quien nerva puso al frente de las aguas de roma, abre su tratado con una cuenta: durante cuatrocientos cuarenta y un años desde la fundación los romanos se sirvieron del agua que sacaban del tíber, de pozos o de manantiales. el primer acueducto, el appia, lo trajo el censor apio claudio en el 312 a.n.e., y de sus once mil ciento noventa pasos, once mil ciento treinta corrían bajo tierra: el primer acueducto de roma apenas se veía. cuando frontino escribe entran nueve —appia, anio vetus, marcia, tepula, iulia, virgo, alsietina, también llamada augusta, claudia y anio novus—. no once: once es el recuento posterior.
lo notable es dónde pone una frase que no necesitaba. entre los pozos de antes y la lista de los nueve, frontino escribe que la memoria de los manantiales se conserva con veneración, que se les sigue dando culto y que se cree que curan a los enfermos, como los de las camenas, apolo y yuturna. lo escribe el funcionario del agua: lo canalizado no había desplazado a lo que brota solo. fowler conjeturaba que las coronas servían para asegurar agua abundante; es una conjetura, y él la presenta así. las fontinalia, además, no eran un rito agrario, sino de fuentes y pozos, y quedaban en el calendario pegadas a la cata de vino de las meditrinalia del 11 y a la fiesta de augusto del 12.