para dar por terminada una guerra de veinticuatro años, roma impuso a cartago una paz tan asfixiante que lo único que garantizó fue la siguiente. la frase funciona y es casi cierta. lo que suele perderse es que el tratado que roma impuso no fue el que había negociado su propio general.
año 241 antes de nuestra era. la guerra se decidió en el mar, frente a las islas egadas, y no en la montaña: amílcar barca llevaba años sosteniendo una guerra de desgaste desde el monte érice sin que los romanos lo desalojaran. y la iniciativa, en polibio, no viene de cartago: vuelta la suerte y sin manera razonable de salvar a sus tropas, es amílcar quien envía él mismo una embajada a tratar la paz. el cónsul cayo lutacio catulo aceptó negociar de inmediato.
las condiciones que transmite polibio son demoledoras. cartago evacuaría toda sicilia; no haría la guerra a hierón ni a los siracusanos y sus aliados; devolvería sin rescate a todos los prisioneros; y pagaría dos mil doscientos talentos eubeicos en veinte años. ese texto no llegó a ser el tratado. el pueblo romano se negó a aceptarlo y mandó diez comisionados a examinarlo; los diez no tocaron el fondo: redujeron el plazo a la mitad, añadieron mil talentos a la indemnización y exigieron además que cartago evacuara todas las islas situadas entre sicilia e italia. cuando polibio enumera de nuevo las cláusulas en el libro tercero asoma el detalle que explica el ahogo: dos mil doscientos talentos en diez años y mil talentos de una sola vez.
el tratado que negoció el general no fue el que roma impuso: el pueblo se lo devolvió mil talentos más caro y con la mitad de plazo.
y con sicilia roma cruzó una frontera de la que ya no volvería: la isla no ingresó en la confederación itálica como un aliado más, sino como territorio del que se cobra. cicerón lo enunció dos siglos después: sicilia fue prima omnium… provincia est appellata, la primera de todas en recibir el nombre de provincia. conviene matizar una cosa que la divulgación suele atropellar: no significa que en el 241 hubiera gobernador, capital y catastro. provincia designaba todavía el ámbito de mando de un magistrado, no un mapa; los dos pretores nuevos —uno para sicilia, otro para cerdeña y córcega— no se crean hasta el 227, y aun esa fecha se discute; y la siracusa de hierón siguió siendo un reino aliado, protegido por el propio tratado. lo que nace en el 241 no es una administración: es la costumbre de tratar lo conquistado como fuente de ingresos.
el otro hilo de esta fecha es el más famoso y el más frágil. hacia el 237, cuatro años y una guerra civil después, cuando amílcar iba a partir con su ejército hacia hispania, sacrificaba —escribe polibio— a zeus, y llamó a su hijo, de nueve años, para preguntarle si quería acompañarlo. el niño dijo que sí. amílcar lo llevó al altar, le hizo poner la mano sobre la víctima y jurar que no sería jamás amigo de los romanos. conviene saber sobre qué se sostiene la escena. polibio no se la oyó a aníbal, como a veces se repite: escribe que fue aníbal quien se la contó a antíoco iii, décadas más tarde y ya exiliado, y por esa vía llega a las historias. tampoco es la única versión: livio la cuenta con un juramento distinto —ser enemigo del pueblo romano en cuanto pudiera, no sólo no ser nunca su amigo—. el dios tampoco se llama baal en el texto: polibio escribe zeus, y la identificación con melqart o baal hammón es reconstrucción nuestra, razonable pero nuestra.
ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse. casi todo lo que sabemos de estos años viene de polibio, que escribe un siglo después con material bárcida de una tradición próxima a la familia. lo que hoy se discute no es la escena del altar, sino lo que se hace derivar de ella: convertir el juramento de un niño en el programa político de una dinastía es una lectura construida hacia atrás, desde una guerra que aún no había ocurrido. lo verificable es más prosaico. mil talentos pagaderos de golpe dejaron a cartago sin caja justo cuando volvían a áfrica, en el 241, los miles de mercenarios que habían combatido por ella en sicilia, con años de soldada atrasada. y el agravio bárcida sumaría pronto cerdeña, arrancada en el 238. sicilia, entretanto, empezaba su otra vida: la que catón resumiría llamándola cella penaria rei publicae nostrae, la despensa de roma.