cuando cartago se negó a pagar lo que había prometido, más de veinte mil soldados extranjeros marcharon sobre la ciudad y acamparon en túnez, a poco más de veinte kilómetros de sus murallas. la cifra es de polibio, y casi todo lo demás: para esta guerra es prácticamente nuestra única fuente. año 241 antes de nuestra era, la primera guerra púnica acaba de terminar, y el pueblo romano, al ratificarlo, ha endurecido el tratado de dos mil doscientos talentos en veinte años a tres mil doscientos en diez.
la versión corta: cartago engañó a su tropa. polibio cuenta algo más torpe que malvado: gescón los embarcó desde lilibeo por tandas, para pagar y despachar cada grupo antes de que llegara el siguiente; el gobierno, corto de dinero y convencido de que con todos reunidos lograría un descuento, los retuvo y los mandó a sica. allí, ociosos, rehicieron las cuentas a su favor; cuando hanón les pidió que renunciaran a una parte, el campamento estalló. polibio no habla de engaño, sino de dos errores —concentrar a los mercenarios y devolverles a sus familias, que habrían servido de rehenes— y de un senado que acabó concediéndolo todo. diodoro, un siglo más tarde, sí dice que cartago los estafó.
lo que convirtió el motín en guerra fueron dos hombres y una provincia. espendio, un esclavo campano huido de un amo romano, sabía lo que le esperaba si lo devolvían; matón, un libio libre, temía pagar por todos. entre los dos se adueñaron de las asambleas —a quien discrepaba se le lapidaba— y apresaron a gescón. matón llamó entonces a las ciudades libias, y polibio explica por qué respondieron: durante la guerra cartago había exigido a los campesinos la mitad de las cosechas y doblado los impuestos. unos setenta mil libios se sumaron. no fue solo un motín de mercenarios: fue la sublevación de los súbditos de cartago, con la guarnición de cerdeña amotinada a la vez.
veinticuatro años de guerra contra roma no amenazaron el suelo de cartago. la factura de esa guerra, sí.
polibio la llama la guerra líbica y no encuentra mejor ilustración de lo que «la mayoría llama una guerra áspondos»: sin libaciones, sin la ceremonia que sellaba una tregua. «inexpiable» es la etiqueta latina de los modernos, y arrastra un matiz de culpa religiosa que el griego no tiene; dexter hoyos titula su monografía, sencillamente, truceless war. amílcar barca, nombrado al mando cuando hanón malgastó sus ventajas, empezó dejando marchar a los prisioneros que no quisieran alistarse. espendio, matón y el galo autárito temieron que aquella clemencia les vaciara el ejército: a gescón y a unos setecientos cartagineses les cortaron las manos, les rompieron las piernas y los arrojaron vivos a una zanja. amílcar echó desde entonces a sus prisioneros a los elefantes.
ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse. polibio escribe un siglo después, moraliza a gusto y declara para qué cuenta esta guerra: como lección sobre el peligro de contratar mercenarios y sobre la diferencia entre «una turba confusa de bárbaros» y hombres criados en la ley. que superase en crueldad a todas las que conocía es su juicio, no un dato. y su amílcar, al que ya ha dado «la palma» entre los generales de la guerra anterior, no salvó cartago solo: compartió el mando con hanón, riñó con él hasta que el gobierno hizo elegir a la tropa, y la guerra solo se cerró cuando treinta senadores los obligaron a reconciliarse. hierón envió suministros; roma devolvió prisioneros, dejó abastecer a cartago y rechazó cerdeña cuando los amotinados se la ofrecieron.
el final tampoco fue el del desfiladero. amílcar, «como un buen jugador de damas», fue cercándolos hasta encerrar a unos cincuenta mil con foso y empalizada en un paraje llamado la sierra; sin socorro de túnez, comieron a sus prisioneros y luego a sus esclavos. sus jefes bajaron a negociar y amílcar aceptó que cartago escogiera a diez de ellos: escogió a los diez embajadores. los libios, que no conocían el pacto, se creyeron traicionados y corrieron a las armas: fueron aniquilados, más de cuarenta mil, entre los elefantes y el resto del ejército. matón no es un lugar: es el jefe libio que aún resistía en túnez, donde capturó al general aníbal y lo crucificó en la cruz de espendio. cayó tras los últimos combates en torno a leptis, tres años y cuatro meses después del motín —cuatro y cuatro, según diodoro—, y fue paseado y torturado por cartago.
y mientras cartago contaba sus muertos, roma, que había cumplido el tratado toda la guerra, ocupó cerdeña y exigió mil doscientos talentos más. polibio, que admira a roma, escribe que no hubo pretexto razonable y que se hizo contra toda justicia; entre las causas de la guerra de aníbal la cuenta como la segunda y principal. el próximo capítulo es ese.