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la estafa mafiosa de mesina

mamertini

una de las guerras más largas del mundo antiguo no nació de un choque de ideales, sino del chantaje de un puñado de mercenarios desempleados. en el 264 a.n.e. los mamertinos arrastran a roma y cartago a un conflicto de veintitrés años por el control de sicilia.

acuarela de gabriel de saint-aubin: la flota romana derrota a la cartaginesa en una batalla naval de la primera guerra púnica, con los buques de guerra embistiéndose unos a otros.
gabriel de saint-aubin · dominio público
período
república media

una de las guerras más largas del mundo antiguo no empezó por un choque de civilizaciones ni por un ideal, sino por el chantaje de un puñado de mercenarios en paro. en el 264 a.n.e., con la península itálica por fin bajo su control, la frontera de roma tocaba el mar justo enfrente de sicilia. y al otro lado del estrecho, atrincherada en una ciudad robada, una banda de antiguos soldados de fortuna estaba a punto de encender una mecha que ardería durante veintitrés años.

aquellos mercenarios se llamaban a sí mismos mamertini, «hijos de mamers» —el nombre osco del dios de la guerra, el marte itálico—. eran campanos que habían servido a agatocles, el tirano de siracusa, y que, al morir este hacia el 289 a.n.e., se quedaron sin paga y sin destino. en lugar de volver a casa, hacia el 288 a.n.e. se hicieron acoger como huéspedes en mesina, la próspera ciudad griega que vigila el estrecho. les abrieron las puertas; ellos respondieron asesinando a los hombres, repartiéndose a las mujeres y los bienes y quedándose con la ciudad. durante más de dos décadas convirtieron aquel puerto comercial en una base de pillaje desde la que extorsionaban al noreste de la isla.

el cobro llegó tarde, pero llegó. hierón ii, el nuevo y enérgico rey de siracusa, los derrotó en campo abierto a orillas del longano y hacia el 265 a.n.e. puso sitio a mesina, dispuesto a borrar de una vez aquel nido de piratas. acorralados, los mamertinos hicieron lo que hace todo extorsionador cuando el cerco se cierra: buscaron un padrino más grande. una facción entregó la ciudadela a cartago, que metió una guarnición en el puerto al mando de un tal hanón y obligó a hierón a retirarse. pero la salvación pronto les supo a nueva prisión: temiendo quedar tragados por los africanos, otra facción mandó embajadores a roma suplicando ayuda «como pueblo emparentado». habían pedido auxilio a las dos mayores potencias del mediterráneo occidental a la vez.

el senado vio claro que la causa era indefendible; el pueblo, en cambio, vio sicilia entera por saquear.

aquí roma se enfrentó a su propia conciencia, y la fuente que mejor lo cuenta es polibio, que abre su gran historia precisamente con este episodio. socorrer a unos usurpadores que habían tomado una ciudad por la fuerza era, escribe, una causa manifiestamente injusta; y hacerlo significaba además un choque casi seguro con cartago. el senado quedó dividido y no fue capaz de decidir: el reparo moral pesaba tanto como la ventaja estratégica. entonces el asunto pasó a la asamblea del pueblo. según polibio, los magistrados pintaron ante la plebe el botín evidente que sacaría cada cual, y la votación salió a favor de la intervención. se confió el mando al cónsul de aquel año, apio claudio caudex —cuyo colega era marco fulvio flaco—, con la orden de cruzar a mesina.

la divulgación suele rematar la escena con roma reuniendo de golpe una gran flota requisada a sus aliados itálicos. conviene matizar: en el 264 a.n.e. roma todavía no era una potencia naval, y la travesía del estrecho se hizo con barcos de transporte ajenos y embarcaciones prestadas, no con una armada propia —que tendría que improvisar después, en plena guerra y a costa de naufragios—. lo que sí está fuera de duda es el resultado: caudex ocupó regio, en la orilla calabresa, y de noche un tribuno militar pasó a mesina; con ello roma puso un pie en sicilia y desencadenó la primera guerra púnica.

ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse. nuestro relato depende casi por completo de polibio, que escribió generaciones después y con marcada simpatía hacia roma; aun así, fue lo bastante honesto para confesar que la causa romana le parecía indefendible. el historiador siciliano filino de acragante, en cambio, sostenía que existía un tratado que prohibía a roma pisar sicilia, de modo que la intervención habría sido una violación flagrante; polibio negaba que ese pacto existiera, y los modernos siguen discutiéndolo sin acuerdo. tampoco hay que imaginar a un senado maquiavélico ejecutando un plan de conquista: como subraya la lectura de dexter hoyos, esta fue en buena medida una guerra «no planeada», un encadenamiento de decisiones locales y oportunismos que se le fue de las manos a todo el mundo. lo que la propaganda posterior vistió de fides —la lealtad romana a un pueblo amigo— fue, en su origen, una apuesta arriesgada por el saqueo de una isla rica.

de aquella decisión nació un conflicto que duraría hasta el 241 a.n.e.: veintitrés años, la guerra continua más larga y la mayor guerra naval de la antigüedad. para vencer a cartago, una potencia que no conocía la derrota en el mar, las legiones de tierra tendrían que aprender de cero a navegar y a combatir sobre las olas, o morir ahogadas en el intento. es la gran ironía del episodio: roma, que cruzó el estrecho para rescatar a unos piratas, salió de la guerra convertida en señora de sicilia y, sobre todo, en una potencia marítima. el chantaje de un grupo de mercenarios sin paga acabó dibujando el mapa del mediterráneo para los siglos siguientes.

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fontes classicae.

  1. i. polibio · historias i, 7-11 y iii, 26.2-7

bibliografía moderna.

  1. i. dexter hoyos (ed.) · a companion to the punic wars
  2. ii. william v. harris · war and imperialism in republican rome
dídac
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dídac

divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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dudas sobre esta entrada

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¿los mamertinos existieron de verdad? ¿y de verdad vivían de robar ganado?

reales del todo, y para creerlo no hace falta fiarse de la palabra de nadie: acuñaron su propia moneda. hay bronces de mesina con la leyenda ΜΑΜΕΡΤΙΝΩΝ —«de los mamertinos»— y cabezas de ares o de zeus en el anverso. una banda de mercenarios que emite moneda con su nombre encima ya no es una banda: es un estado, por pequeño y por sucio que sea.

el nombre se lo pusieron ellos: mamertini, «hijos de mamers», que es el nombre osco del dios de la guerra, el marte itálico. eran campanos que habían servido como mercenarios al tirano agatocles de siracusa; cuando este murió hacia el 289 a.n.e. se quedaron sin paga y sin destino. mesina los acogió como huéspedes, y ellos respondieron apoderándose de la ciudad: polibio dice que a los ciudadanos los expulsaron o los degollaron, y que se repartieron las mujeres y los bienes.

y sí a lo del ganado, aunque conviene decirlo entero. durante más de veinte años vivieron de saquear y extorsionar el noreste de sicilia desde aquel puerto robado: ganado, cosechas y tributos arrancados a las comunidades vecinas. lo de los rebaños es una imagen justa de lo que hacían, no una exageración.

lo increíble es cómo acaba, y el detalle exacto importa. acorralados por hierón ii de siracusa, se partieron en dos facciones: una entregó la ciudadela a cartago, que metió guarnición; la otra, temiendo quedar tragada por los africanos, mandó embajada a roma. no fue un cuerpo pidiendo auxilio a dos sitios: fueron dos bandos vendiendo la misma ciudad a la vez. y como cartago llegó primero, la llegada de roma sólo podía ser una cosa: guerra.

de ahí salió la primera guerra púnica. polibio la llama la más larga, la más ininterrumpida y la mayor de cuantas conocemos, y la cuenta en veinticuatro años; el cómputo moderno suele dar veintitrés. la encendió un puñado de mercenarios sin sueldo que no sabían a quién vender su ciudad robada

polibio, historias i, 7-11 (la toma de mesina —los ciudadanos «expulsados o degollados», 1.7.4—, las dos décadas de pillaje, y las DOS facciones: una entrega la ciudadela a cartago, otra manda embajada a roma, 1.10.1-2)
polibio, historias 1.63.4 (el superlativo es suyo: «la más larga, ininterrumpida y mayor guerra que conocemos», y él la cuenta en veinticuatro años)
monedas de bronce acuñadas en mesina con la leyenda ΜΑΜΕΡΤΙΝΩΝ, «de los mamertinos», con cabezas de ares y de zeus (s. iii a.n.e.); la leyenda se greciza desde ~282 a.n.e., antes en osco