la tesorería de roma estaba vacía y, aun así, la flota que cerró veinticuatro años de guerra no la pagó el estado: la adelantaron de su bolsillo sus ciudadanos más ricos, un barco cada uno.
el empréstito se organiza hacia el 243-242 antes de nuestra era. roma llevaba cinco años sin pisar el mar —las tormentas y drépano le habían costado flotas enteras— y por tierra amílcar barca era invencible. según polibio no había fondos en el erario, y fueron «los ciudadanos principales» quienes, solos o en grupos de dos o tres, se comprometieron a costear un quinquerreme equipado cada uno, «con la condición de que se les devolvería si todo salía bien». así se armaron doscientos, copiados de la nave del corredor de bloqueos rodio apresado en lilibeo.
conviene matizar una cosa que la divulgación suele atropellar. polibio no menciona al senado, ni dice que la devolución saliera de la indemnización cartaginesa: eso es inferencia moderna, no texto. «el pueblo» del título son los que podían permitírselo, y lo que polibio —casi nuestra única fuente, y un siglo posterior— celebra como generosidad de la élite su texto deja ver como inversión que sólo se cobraba ganando.
el cónsul cayo lutacio cátulo zarpó a comienzos del verano del 242, tomó el puerto de drépano y los fondeaderos de lilibeo y pasó meses entrenando remeros. cartago cargó de grano sus barcos y los envió con hannón a la isla sagrada —marettimo— rumbo a érice, a embarcar allí a los mejores mercenarios de amílcar. lutacio no le dio tiempo: el 10 de marzo del 241 —fecha de eutropio— amaneció con viento contrario y mar gruesa, y atacó igualmente: prefería un convoy cargado y sin veteranos a bordo. fue drépano al revés: los romanos habían dejado en tierra todo lo que no servía para combatir; los cartagineses, seguros de que roma no volvería al mar, habían descuidado su marina. cincuenta naves púnicas hundidas, setenta capturadas con sus dotaciones y cerca de diez mil prisioneros, según polibio.
cartago perdió la guerra el día que dejó de creer que roma volvería al mar.
ahora el matiz historiográfico, que aquí es doble. el primero es de mando: el vídeo cuenta que el cónsul, herido, delegó el combate en el pretor quinto valerio faltón; polibio no menciona ni la herida ni a faltón. es eutropio quien dice que cátulo «subió a la nave enfermo, herido en el combate anterior», y valerio máximo el pleito: faltón reclamó el triunfo alegando que el cónsul pasó la batalla tumbado y cojo en una litera, y el árbitro falló por la superioridad del mando consular, no por méritos. los fasti triumphales registran, aun así, dos triunfos navales: cátulo el 4 de octubre, faltón el 6. el segundo es de cifras: diodoro, que sigue al procartaginés filino, da ciento diecisiete naves púnicas perdidas y añade lo que polibio calla, ochenta romanas fuera de combate y treinta destruidas; eutropio infla los prisioneros hasta treinta y dos mil.
lo que no está en los textos está en el fondo del mar. desde 2005, la soprintendenza del mare y la rpm nautical foundation rastrean el lecho de las egadas: veintisiete espolones de bronce, cuando antes sólo había tres conocidos en el mundo. ocho llevan inscripción legible: siete latinas —con los cuestores que aprobaron la pieza— y una púnica. quienes los han medido los atribuyen a naves no mayores que un trirreme, no a los quinquerremes del relato. prueban dónde y con qué se combatió; cuántos barcos se hundieron sigue siendo cosa de los textos.
cartago, sin flota ni manera de abastecer sicilia, dio plenos poderes a amílcar, que pidió la paz. lo que lutacio firmó fue moderado: evacuar sicilia, devolver los prisioneros sin rescate y pagar dos mil doscientos talentos en veinte años. fue el pueblo romano quien lo rechazó, y su comisión de diez redujo el plazo a la mitad, sumó mil talentos y exigió las islas entre sicilia e italia. venganza pura, dice el vídeo; polibio habla de «ligeras modificaciones», aunque precisa que iban todas hacia una mayor dureza con cartago. qué sembró esa paz en la casa de amílcar es la historia de mañana.