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la masacre de telamón

proelium ad telamonem

en el 225 a.n.e. boyos, ínsubres y mercenarios gésatas llegaron a tres días de roma y, al volver con el botín, quedaron atrapados en la costa de etruria entre dos ejércitos consulares que no habían planeado encontrarse. polibio cuenta cuarenta mil muertos y un cónsul decapitado; conviene leer sus cifras como lo que son.

el gálata moribundo: estatua de mármol de un guerrero herido que se sostiene sobre un brazo en la sala de un museo
fotografía de antmoose · cc by 2.0
período
república media

la última gran invasión celta de italia terminó en la costa de etruria, con una hueste de setenta mil hombres atrapada entre dos ejércitos consulares que no habían planeado encontrarse allí. año 225 antes de nuestra era, cerca de telamón, la actual talamone. casi todo lo que sabemos de aquel día lo cuenta un solo autor.

la causa la da ese autor, polibio, y no son las colonias: en el 232, a instancias de cayo flaminio, roma repartió entre sus ciudadanos el ager gallicus, la tierra del piceno arrebatada a los senones medio siglo antes. polibio, hostil a flaminio, lo llama el primer paso en la corrupción del pueblo y la causa de la guerra que siguió: los boyos, vecinos de esa tierra, entendieron que roma ya no luchaba por la hegemonía, sino para expulsarlos y exterminarlos. con los ínsubres mandaron embajadores al otro lado de los alpes, a los gésatas del ródano. aquí el vídeo dice «aliados» donde la fuente dice otra cosa: polibio insiste en que los gésatas cobraban, oro por adelantado y en cantidad, y hasta explica su nombre, erróneamente, como «los que sirven a sueldo». a sus reyes, concolitano y aneroesto, les recordaron que sus antepasados habían tomado roma.

al octavo año del reparto, los gésatas cruzaron los alpes. polibio cifra la hueste en cincuenta mil infantes y veinte mil jinetes y carros; un fragmento de diodoro la sube a doscientos mil. ninguna de las dos es un censo. y ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse: polibio aprovecha el pánico para pasar revista a los hombres en edad militar de italia —más de setecientos mil infantes y setenta mil jinetes— con un propósito declarado: que el lector mida la potencia a la que aníbal se atrevería siete años después. cuánto tiene esa lista de recuento y cuánto de retórica se sigue discutiendo. del miedo no hay duda: plutarco cuenta que roma, obedeciendo a los libros sibilinos, enterró vivos en el foro boario a dos griegos, hombre y mujer, y a otros tantos galos.

los galos cruzaron etruria sin oposición hasta clusio, a tres días de roma. allí engañaron al pretor que los seguía —caballería a la vista, infantería retirada de noche hacia fiésole— y le mataron no menos de seis mil hombres. el cónsul lucio emilio papo llegó desde arímino; los galos, cargados de botín, decidieron por consejo de aneroesto volver a casa por la costa, y emilio se limitó a seguirles la retaguardia. el otro cónsul, cayo atilio régulo, no venía a cerrar ninguna trampa: volvía de cerdeña, había desembarcado en pisa y marchaba hacia roma cuando su vanguardia capturó a unos forrajeadores cerca de telamón. solo entonces supo que tenía delante a la hueste entera y detrás al ejército de su colega.

el cerco perfecto de telamón no lo diseñó nadie: fue un cruce de caminos.

atilio ocupó la colina que dominaba el paso. los galos no formaron un círculo, sino una línea de doble frente: gésatas e ínsubres mirando hacia emilio, boyos y tauriscos hacia las legiones de atilio. los gésatas combatían desnudos salvo por los torques y brazaletes de oro, y el estruendo de cuernos y gritos, admite polibio, aterró a los romanos. la batalla la decidieron dos cosas, y ninguna es el número: las jabalinas de la infantería ligera contra una vanguardia sin coraza y con escudos que no cubrían el cuerpo, y la caballería, que tras ganar la colina cargó ladera abajo contra el flanco de unos hombres a los que polibio reconoce igual coraje e inferioridad solo en las armas. allí cayó atilio, y su cabeza fue llevada a los reyes galos; polibio no dice que la clavaran en ninguna pica.

cuarenta mil muertos y no menos de diez mil prisioneros, entre ellos el rey concolitano; aneroesto escapó con unos pocos y se quitó la vida. son las cifras de polibio, que escribe unos tres cuartos de siglo después y se apoya, según la reconstrucción habitual, en fabio pictor, el primer historiador romano, de quien orosio anota que combatió en aquella guerra; y es el propio polibio quien, en su libro primero, le reprocha a fabio la parcialidad de quien siempre da la razón a su patria. cuarenta mil redondos sobre una hueste que nadie contó son un orden de magnitud, no un recuento. emilio papo devolvió lo saqueado a sus dueños, arrasó el territorio de los boyos y triunfó en roma; los torques de oro fueron a adornar el capitolio.

telamón rompió la invasión, no la guerra. al año siguiente los cónsules sometieron a los boyos, y en el 222 otro cónsul, marco claudio marcelo, iría contra los ínsubres a por un trofeo que ningún romano había conseguido en siglos. la sumisión duró lo que tardó aníbal en llegar a los alpes, en el 218, y encontrar a boyos e ínsubres dispuestos a levantarse otra vez. polibio, que vio la expulsión de los galos del po, cierra con una moraleja para griegos: la potencia de esos pueblos es efímera. es su juicio, no el nuestro. el nuestro es más sencillo: la última gran invasión gala de italia la ganó un cónsul que iba a otra parte.

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fontes classicae.

  1. i. polibio · historias libro ii, 21-31
  2. ii. diodoro sículo · biblioteca histórica libro xxv, 13
  3. iii. plutarco · vidas paralelas marcelo, 3

bibliografía moderna.

  1. i. william v. harris · war and imperialism in republican rome
  2. ii. adrian goldsworthy · the punic wars
dídac
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dídac

divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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