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la gran extorsión de cerdeña

sardinia fraude romanorum intercepta

recién salida de la guerra contra sus propios mercenarios, cartago recibe un ultimátum romano: cerdeña y mil doscientos talentos más, o la guerra. polibio, que admiraba a roma, no le encontró pretexto razonable; livio conserva el agravio cartaginés en dos palabras: fraude romanorum.

mapa grabado del siglo xvi de cerdeña, con sus montes, sus villas y galeras navegando alrededor
fabio licinio, «sardinia insula inter africu et tyrrhenum pelagus sita» · bibliothèque nationale de france · dominio público
período
república media

no hubo batalla. hubo una embajada, una amenaza y una factura. en el 238 antes de nuestra era —o ya en el 237: la cronología de aquellos meses no está cerrada— roma exigió a una cartago recién salida de la guerra contra sus propios mercenarios que le entregara cerdeña y mil doscientos talentos más, o habría guerra. cartago pagó. lo de «el momento más deshonroso de la república» es un superlativo de titular: polibio, que es quien condena el episodio, escribe algo más estrecho y más duro.

el contexto es la guerra de los mercenarios —la inexpiable, que polibio ofrece como el mejor ejemplo posible de una guerra sin tregua—: los soldados impagados que se volvieron contra cartago al acabar la primera guerra púnica, y que según su cómputo duró tres años y cuatro meses. cerdeña fue uno de sus frentes: la guarnición mercenaria, imitando a mato y espendio, mató a su comandante bostar, crucificó a hannón, el general enviado a reducirla, y asesinó a cuantos cartagineses encontró. después se pelearon con los propios sardos, que los echaron de la isla a italia. cartago perdió así, anota polibio, una isla «extensa, muy poblada y muy fértil».

roma, al principio, se portó bien: cuando aquellos mercenarios, aún en armas en la isla, le ofrecieron cerdeña, rehusó; cuando útica quiso entregársele, tampoco aceptó; devolvió sin rescate a los prisioneros de sicilia y dejó que sus comerciantes abastecieran a cartago, no a los rebeldes. polibio lo resume así: se atuvieron al tratado.

el giro llegó cuando cartago ya había ganado su guerra. los mercenarios expulsados, ahora en italia, volvieron a invitar a roma, y esta vez roma preparó una expedición. cartago protestó —la isla era suya— y empezó a armar una fuerza para castigar a los amotinados. ese armamento fue el pretexto: los romanos declararon que los preparativos no iban contra cerdeña, sino contra ellos, y votaron la guerra. cartago quiso negociar, convencida de tener la razón de su parte; roma se negó. sin fuerzas para otra guerra, cartago cedió la isla y se comprometió a pagar mil doscientos talentos más, sumados a los tres mil doscientos del tratado de lutacio. ni una gota de sangre romana.

cerdeña no se conquistó: se cobró.

polibio, un griego que escribe casi un siglo después y admiraba a roma sin disimulo, no encuentra manera de defenderla: «es imposible descubrir pretexto o causa razonable», y nadie discutiría, dice, que los cartagineses evacuaron cerdeña «contra toda justicia, y sólo porque la ocasión lo permitía». hasta desmonta la excusa oficial —que cartago había maltratado a tripulaciones romanas durante la guerra de libia— recordando que roma dio el asunto por zanjado al recuperar a sus marineros. esa excusa la conserva la tradición romana que resume zonaras: roma «consiguió cerdeña sin batalla, y dinero nuevo, acusando a los cartagineses de dañar la navegación romana». livio no dicta sentencia: hereda el agravio. lo que le carcomía a amílcar, escribe, era que cerdeña le hubiese sido arrebatada fraude romanorum, con un tributo impuesto encima. polibio es la fuente más detallada, pero no la única.

ahora el matiz historiográfico, que conviene no saltarse. polibio no habla de una causa de la segunda guerra púnica, sino de tres. la primera, la indignación de amílcar barca por la guerra de sicilia; la segunda «y principal», el despojo de cerdeña con su tributo añadido; la tercera, el éxito cartaginés en hispania. y cuando habla de rencor no lo pone en un solo hombre, sino en amílcar y en «todos sus compatriotas». la historiografía actual va más lejos: hans beck, en el companion editado por dexter hoyos, descarta la «cólera de los bárcidas» como motor de la guerra —la lee como una manera romana de cargar la culpa sobre cartago— sin negar que los cartagineses, y los bárcidas en particular, guardaran un agravio permanente. su lectura es menos moral y más geográfica: sicilia, lípari, cerdeña y la costa de liguria se fueron cerrando una tras otra, y a cartago sólo le quedó hispania.

polibio sólo habla de cerdeña; córcega, que la divulgación suele meter en el mismo lote, no aparece en su relato del ultimátum, y someter las dos islas le costó a roma campañas propias en los años siguientes, como recuerda zonaras. lo que sí salió de aquel año fue un hombre embarcando hacia hispania: amílcar, dice polibio, se lanzó a conquistarla para tener con qué hacer la guerra a roma. de aquel imperio de plata saldría aníbal. pero antes la propia roma iba a sacudirse por dentro, en las asambleas de su pueblo.

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fontes classicae.

  1. i. polibio · historias libro i, 79-88 (el motín sardo en 79; la negativa romana en 83.11; el ultimátum y los mil doscientos talentos en 88.8-12) y libro iii (las tres causas en 9-10; el veredicto «contra toda justicia» en 28)
  2. ii. tito livio · ab urbe condita libro xxi, 1.5 (el agravio de amílcar: sicilia y cerdeña perdidas)
  3. iii. zonaras · epítome de casio dión libro viii, 18

bibliografía moderna.

  1. i. dexter hoyos (ed.) · a companion to the punic wars cap. 13, hans beck, «the reasons for the war», pp. 234-235
dídac
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dídac

divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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