un ejército consular romano quedó destruido en una sola mañana, junto a la orilla del lago trasimeno, sin llegar a formar una línea de batalla. fue en el 217 antes de nuestra era, y es una de las mayores emboscadas que registra la historia militar antigua. la cuentan polibio y livio, que declara haber seguido a fabio píctor, contemporáneo de aquella guerra; en lo esencial coinciden, y donde no, conviene decirlo.
pasado el invierno en la galia cisalpina, aníbal buscó la manera de entrar en etruria antes de que roma lo esperase. los caminos largos eran también los más vigilados, así que eligió el más corto: las marismas que el arno había desbordado. polibio cuenta tres días y tres noches caminando por el agua, sin poder dormir, con las acémilas muriendo en el barro; livio dice cuatro días y tres noches. aníbal lo cruzó a lomos del único elefante que le quedaba y, según livio, entre la humedad, las noches sin dormir y la falta de lugar y de tiempo para curarse, allí perdió la vista de un ojo.
al otro lado le esperaba cayo flaminio, recién estrenado en su segundo consulado y acampado ante arretium. es el mismo que en el 232 había impulsado el reparto de la tierra arrebatada a los galos sénones, y polibio no se lo perdonó: lo culpó de corromper al pueblo y de provocar la guerra gala. su retrato del cónsul es el de un demagogo sin talento militar y muy seguro de sí, ansioso por ganar la victoria él solo antes de que llegara su colega. livio lo pinta con los mismos colores y añade la religión: sus adversarios le reprochaban haber entrado en el cargo fuera de roma, sin los ritos del capitolio, y al partir hacia el trasimeno su caballo lo derribó y un estandarte se negó a salir de la tierra. son presagios contados por una tradición hostil, que convierte la derrota en castigo.
aníbal jugó con ese carácter. pasó de largo ante el campamento romano y se puso a arrasar el campo de etruria, para que el humo le llegara al cónsul. flaminio, furioso, desoyó a los oficiales que le pedían esperar a los refuerzos del otro cónsul, y salió tras él. polibio añade un detalle amargo: le seguía más gente en busca de botín que soldados, cargando cadenas para los prisioneros que pensaban hacer.
los centuriones y los tribunos, dice polibio, ni siquiera entendían qué estaba pasando.
el camino bordeaba el lago, con las colinas de cortona a la izquierda, y se estrechaba entre la ladera y el agua antes de abrirse en un llano rodeado de alturas. aníbal distribuyó de noche a todo su ejército: los africanos y los iberos en la colina del fondo, cerrando la salida; los honderos y la infantería ligera detrás de las alturas de un lado; la caballería y los galos en las del otro, hasta la misma entrada del paso. flaminio había acampado la víspera junto al lago, muy tarde, y al amanecer entró en el desfiladero sin explorarlo.
la mañana era de niebla. cuando el grueso de la columna había entrado y la cabeza ya tocaba al enemigo, aníbal dio la señal y todos atacaron a la vez desde las alturas. polibio insiste en que la niebla impedía ver y que los mandos romanos no podían ni organizar a sus hombres: los atacaban por delante, por detrás y por los flancos, y la mayoría murió en orden de marcha. livio añade que se combatió tres horas, tan encarnizadamente que nadie notó el terremoto que aquel día derribó ciudades de italia.
flaminio murió allí. polibio solo dice que lo mataron unos celtas; livio le pone nombre al jinete, el ínsubre ducario, que lo reconoció y lo atravesó con la lanza. los que quedaron atrapados entre la ladera y el agua corrieron peor suerte. algunos, dice polibio, intentaron nadar con la armadura y se ahogaron; la mayoría se metió en el lago hasta donde pudo, con la cabeza fuera del agua, y allí los remató la caballería. aníbal buscó después el cadáver del cónsul para darle sepultura y, según livio, no lo encontró.
las cifras tienen dueño. polibio cuenta unos quince mil romanos muertos en el valle y más de quince mil prisioneros, y unos mil quinientos caídos del lado cartaginés, galos en su mayoría. livio da los mismos quince mil muertos, diez mil dispersos que volvieron a roma por caminos apartados y dos mil quinientos enemigos muertos en la batalla, y declara su fuente: ha seguido sobre todo a fabio píctor, contemporáneo de la guerra, porque otros autores multiplicaban la matanza.
los seis mil de la vanguardia son otro caso de dos versiones. rompieron la línea que tenían delante y subieron a una altura sin saber qué pasaba detrás; cuando la niebla se levantó, vieron el desastre y se refugiaron en una aldea etrusca. polibio dice que se rindieron a maharbal tras la batalla, a cambio de la vida, y que aníbal declaró luego que maharbal no tenía autoridad para prometerla; livio, que se rindieron al día siguiente, acosados por el hambre, y que aníbal los cargó de cadenas. en los dos, los prisioneros romanos quedaron presos y los aliados itálicos volvieron libres a casa: aníbal decía haber venido a liberar italia.
la fecha también es de la tradición. la da ovidio en los fastos, con una perífrasis: el décimo día contando desde el final del mes, de donde sale el 21 de junio. es un día del calendario romano anterior a la reforma de césar, y ovidio lo cita como advertencia: flaminio y las orillas del trasimeno como testigos de que los dioses avisan con las aves.
en roma, el pretor anunció desde los rostra que habían sido vencidos en una gran batalla. polibio distingue: el pueblo quedó consternado, pero el senado mantuvo la calma, hasta que tres días después llegó la noticia de otro golpe, los cuatro mil jinetes de cayo centenio, muertos o capturados por maharbal, y entonces también el senado se asustó. livio lo resume así: la ciudad recurrió a un remedio que hacía mucho que ni se deseaba ni se usaba, remedium iam diu neque desideratum nec adhibitum. un dictador.