tras tres derrotas seguidas, roma entregó el mando a un hombre cuya estrategia contra aníbal cabía en una sola orden: no dar batalla. quinto fabio máximo verrucoso, dictador en el verano del 217 antes de nuestra era, pasó seis meses siguiendo al ejército cartaginés por las colinas sin aceptar una batalla campal, mientras sus compatriotas lo acusaban de cobardía. no ganó ninguna gran batalla, y aun así la posteridad lo convirtió en uno de sus héroes.
sus sobrenombres los explica plutarco: verrucoso, por una verruga sobre el labio; y, de niño, ovícula, «el corderito», por su carácter tranquilo y lento. venía de una familia ilustre: livio llama abuelo suyo a fabio máximo ruliano, el vencedor de sentino, y plutarco lo hace cuarto en la línea que baja de él. conviene no confundirlos.
su nombramiento tiene letra pequeña. tras el trasimeno y la pérdida de la caballería de centenio, cuenta livio, la ciudad recurrió al dictador, un remedio que hacía mucho que no se usaba; y como el único cónsul vivo estaba lejos, con italia ocupada por las armas púnicas, lo eligió el pueblo, algo que nunca se había hecho. el propio livio se corrige unos capítulos después: solo un cónsul podía nombrar dictador, así que lo que el pueblo eligió fue alguien que hiciera sus veces, un prodictador, y fueron sus descendientes quienes, al engordar los títulos del retrato familiar, dejaron que se le creyera dictador. polibio, por su parte, explica el cargo a sus lectores griegos: veinticuatro lictores en lugar de doce, y un mando absoluto ante el que cesaban todos los magistrados salvo los tribunos de la plebe. como jefe de la caballería, su segundo, lo acompañaba marco minucio rufo.
la estrategia la describe polibio sin ambigüedad. aníbal le ofreció batalla en cuanto llegó, junto a aecas, y nadie salió del campamento romano. fabio, dice, había decidido no arriesgarse ni aceptar una batalla campal, porque la habría perdido. las razones que polibio le atribuye no son las del vídeo: el ejército enemigo llevaba combatiendo desde la niñez, lo mandaba un general criado con esos hombres, había ganado muchas batallas en hispania y ya había vencido dos veces seguidas a los romanos; y, sobre todo, solo podía salvarse venciendo. más adelante añade la superioridad de su caballería. lo que roma tenía de su parte eran recursos inagotables de víveres y de hombres.
así que fabio marchaba en paralelo por las alturas, ocupando antes que nadie las mejores posiciones, sin dejar que sus soldados forrajearan ni se dispersaran, y cazando a los forrajeadores enemigos que se alejaban de su campamento. plutarco lo resume: con tiempo, dinero y hombres de sobra, quería desgastar poco a poco a un enemigo de recursos escasos. las pequeñas victorias, apunta polibio, servían además para devolver el ánimo a unas tropas rotas por las derrotas.
minucio lo llamaba tímido en vez de prudente; los soldados, el pedagogo de aníbal.
a casi nadie le gustó. polibio cuenta que minucio, haciéndose eco de la opinión popular, lo tachaba de cobarde y lento. livio lo dice con una palabra que acabaría siendo el título de fabio: minucio le llamaba perezoso en vez de cunctator, «el que demora», y tímido en vez de prudente. los soldados, según plutarco, se burlaban de él como del «pedagogo de aníbal», el esclavo que va detrás del niño a todas partes.
aníbal bajó entonces a la rica llanura de falerno, en campania, a arrasarla ante los ojos de los romanos. fabio creyó tenerlo atrapado y ocupó el paso por el que tendría que salir. polibio cuenta cómo escapó aníbal: de noche ató haces de leña encendida a los cuernos de unos dos mil bueyes y los lanzó ladera arriba, y mientras los romanos que guardaban el paso corrían hacia las luces, cruzó el desfiladero con todo su botín. fabio, que sospechaba una trampa, no se movió de su campamento. los reproches arreciaron, y poco después tuvo que ir a roma a celebrar unos sacrificios. dejó el ejército a minucio con una advertencia: más le valía evitar un desastre que hacer daño al enemigo.
minucio atacó a los forrajeadores de aníbal junto a geronio, cerca de luceria, les causó muchas bajas y llegó a asaltar su campamento. la noticia llegó a roma exagerada. polibio cuenta que el pueblo, convencido de que el problema era la excesiva cautela del general, dio a minucio el mismo poder que al dictador: dos dictadores para un mismo frente, cosa que nunca había ocurrido. livio y plutarco ponen nombre a la propuesta, la del tribuno de la plebe marco metilio, pariente de minucio según plutarco; livio añade que su único defensor en la asamblea fue cayo terencio varrón.
fabio volvió sin cambiar de idea y dejó a minucio elegir: mandar en días alternos o dividir el ejército. minucio eligió dividirlo. aníbal, que sabía de la rivalidad, ocupó una colina entre los dos campamentos y escondió de noche en las hondonadas del terreno quinientos jinetes y unos cinco mil infantes. minucio mordió el cebo, y cuando la emboscada salió por todos lados, fabio acudió con sus legiones y salvó a sus compatriotas. livio cuenta el final: minucio llevó sus legiones al campamento de fabio, lo llamó padre ante todos y le devolvió el mando; plutarco repite la escena. y livio atribuye a aníbal una frase: aquella nube que siempre se posaba en las cumbres había acabado por descargar la tormenta.
a los seis meses, fabio entregó el ejército a los cónsules. para el año siguiente fueron elegidos lucio emilio paulo y el mismo varrón, y los dictadores dejaron el cargo. polibio cuenta la decisión del senado: presentar batalla, con ocho legiones, algo que roma nunca había hecho. la estrategia de fabio no había sido derrotada; simplemente se abandonaba.
la rehabilitación vino después. al anotar su muerte, años después, livio cita a ennio: unus homo nobis cunctando restituit rem, un solo hombre, demorándose, nos devolvió el estado. y plutarco recoge de posidonio la imagen que da título a esta entrada: los romanos llamaban a fabio su escudo, y a marcelo su espada.