en el 219 antes de nuestra era, aníbal barca puso sitio a sagunto, una ciudad ibérica rica, a un paso del mar, al sur del ebro y ligada a roma por un pacto. ocho meses después la tomó por asalto, y ya en el 218 una embajada romana declaraba la guerra en el senado de cartago. es el detonante de manual de la segunda guerra púnica. que fuera también su causa es otra discusión, y quien la abrió fue polibio.
aníbal era todavía joven y llevaba dos años al frente del ejército de hispania: los soldados lo habían proclamado en el 221, tras el asesinato de asdrúbal el bello. esos dos años los pasó en campañas por el interior, contra olcades, vacceos y carpetanos, y livio las lee como un rodeo calculado: someter primero a los vecinos para que el ataque a sagunto pareciera arrastrado por la marcha de los hechos y no buscado. del juramento de odio que el vídeo le atribuye conviene precisar el origen. polibio cuenta que el propio aníbal, ya derrotado y refugiado en la corte de antíoco iii, le contó al rey que a los nueve años su padre le hizo poner la mano sobre la víctima de un sacrificio y jurar que nunca sería amigo de los romanos. polibio no dice haberlo oído él: lo presenta como lo que aníbal le dijo a antíoco, décadas después y en un momento en que le convenía probar su enemistad con roma.
la ciudad, dice polibio, estaba a unos siete estadios del mar, al pie de las colinas, y su territorio era el más fértil de iberia; livio la llama la más rica de las que había al otro lado del ebro y le da un origen legendario en la isla de zacinto. el problema era jurídico. el tratado firmado con asdrúbal sólo prohibía a cartago cruzar el ebro en armas, y sagunto quedaba al sur. pero los saguntinos, escribe polibio, se habían puesto bajo la protección de roma muchos años antes de aníbal, y lo prueba así: cuando estalló una lucha de facciones en la ciudad, llamaron a los romanos para arbitrarla, no a los cartagineses, que estaban mucho más cerca. aníbal se agarró justamente a eso: acusó a roma de haber hecho ejecutar injustamente a varios notables en aquel arbitraje. polibio lo tiene por un pretexto, dictado por la ira, y cree que habría hecho mejor en reclamar cerdeña.
del asedio, polibio da poco más que lo esencial: aníbal lo dirigió en persona, compartiendo la fatiga de las máquinas y exponiéndose sin medida, y al cabo de ocho meses de penalidades tomó la ciudad por asalto. el botín le sirvió para todo: el dinero lo guardó para sus planes, los cautivos los repartió entre la tropa y el resto lo mandó a cartago. el detalle viene de livio. mientras se acercaba al muro sin precaución, aníbal cayó herido de gravedad por una tragula, un arma arrojadiza, en la parte delantera del muslo; hubo tal desbandada que casi se abandonaron las obras, y durante unos días el asedio fue bloqueo mientras se curaba. el vídeo dice que la jabalina le atravesó el muslo; livio sólo dice que le hirió gravemente. la caída es también de livio: los principales de la ciudad echaron al fuego el oro y la plata y muchos se arrojaron detrás, y aníbal ordenó matar a todos los adultos, una orden que el propio livio llama cruel y casi necesaria. y livio advierte de su propia cronología: los que escriben que sagunto cayó al octavo mes no cuadran, reconoce, con los cónsules que según él recibieron la primera súplica saguntina y combatieron luego contra aníbal en italia.
la toga cargada con la guerra y la paz está en polibio y en livio; las palabras, cada uno las pone a su manera.
el vídeo presenta a un senado romano que debatía sin fin mientras sagunto agonizaba y que no envió refuerzos. lo segundo lo admite el propio livio: al saberse la caída, los senadores sintieron, entre otras cosas, vergüenza por el auxilio no prestado. lo primero hay que matizarlo, porque roma sí movió legados, y las dos fuentes no se ponen de acuerdo en cuándo. polibio los sitúa en cartago nova, ante aníbal, en el invierno anterior al asedio, advirtiéndole que no tocara sagunto ni cruzara el ebro. livio, ya con el asedio en marcha: aníbal mandó decirles que no era seguro acercarse y que no tenía tiempo para embajadas, y ellos siguieron hasta cartago. y polibio se burla expresamente de quienes cuentan que, tras la caída, el senado debatió si ir o no a la guerra: absurdo, dice, cuando un año antes roma había advertido que entrar en territorio saguntino sería causa de guerra. el senado atónito y sus discursos pertenecen a la tradición que él rechaza.
la embajada decisiva llegó a cartago ya en el 218. polibio la resume como un ultimátum: o entregaban a aníbal y a su consejo, o guerra. los cartagineses respondieron con un alegato: el tratado de asdrúbal no los obligaba, porque se firmó sin su aprobación, y el de lutacio protegía a los aliados de cada parte, pero sagunto no era aliada de roma cuando se firmó. livio abre la lista de legados, todos de edad, con un quinto fabio, y es a él a quien hace formular la única pregunta que traían: si sagunto se había atacado por decisión pública de cartago. el gesto lo cuentan los dos. en polibio, el más anciano de los embajadores señala el pliegue de su toga y dice que lleva en él la guerra y la paz; el sufete le responde que deje caer la que prefieran los romanos, y cuando dice «la guerra», muchos senadores gritan que la aceptan. en livio, «el romano» hace un pliegue con la toga: «aquí os traemos la guerra y la paz; tomad la que queráis»; le gritan que dé él la que quiera, y cuando la suelta diciendo que da la guerra, todos responden que la aceptan y que la harán con el mismo ánimo. son dos versiones literarias de una escena, no un acta.
polibio cierra el asunto con un veredicto doble que conviene no simplificar. si la causa de la guerra fue la destrucción de sagunto, los cartagineses tuvieron la culpa, por el tratado de lutacio y por el de asdrúbal; si fue el despojo de cerdeña, tenían buenas razones. mientras tanto, aníbal invernaba en cartago nova preparando la marcha. polibio cuenta que, ya antes del asedio, roma contaba con librar la guerra en hispania, con sagunto como base. se equivocó de escenario.