en la antigua roma había un día del calendario en el que las cortesanas de la ciudad tenían un papel religioso reconocido, y lo compartían nada menos que con el rey de los dioses. ocurría un día como hoy, un 19 de agosto: las vinalia rustica, la fiesta que abría la vendimia semanas antes de que nadie pisara una sola uva.
y aquí conviene desmontar un tópico que se repite en casi todas partes. pese a lo que suele decirse, este no era un día de venus. varrón, en su tratado sobre la lengua latina, no deja margen: es el día de júpiter, no de venus. quien oficiaba era el flamen dialis, el sacerdote de júpiter, y el rito tenía una función práctica antes que devocional. tras dar la orden de cosechar —la auspicatio vindemiae que recoge plinio el viejo—, sacrificaba una cordera al dios y cortaba con sus propias manos el primer racimo. hasta ese gesto, nadie podía tocar las viñas.
entonces, ¿de dónde sale venus? el propio varrón lo explica, y por una puerta lateral: ese mismo 19 de agosto los huertos quedaban consagrados a ella como protectora de los jardines, y los hortelanos libraban. venus entra en la fecha por la horticultura, no por el vino.
tres altares y un solo racimo: para roma, el vino y el deseo salían de la misma cepa.
pero había una segunda puerta, mucho más llamativa. junto a la porta collina se alzaba un templo de venus ericina, un culto traído del monte érice, en sicilia, cuya reputación estaba ligada a la prostitución sagrada. roma lo importó durante las guerras púnicas, y la ubicación no es un detalle menor: livio registra dos santuarios distintos, uno en el capitolio votado en el 215 a.n.e. tras el desastre de trasimeno, dentro del pomerium, y este otro dedicado en el 181 a.n.e. deliberadamente extramuros, fuera del límite sagrado de la ciudad, precisamente por tratarse de un culto extranjero. allí acudían las meretrices a ofrecer mirto y menta y a pedir prosperidad para su oficio.
conviene decir hasta dónde llega la evidencia. que aquel «día de las cortesanas» cayese hoy o en la otra vinalia —la vinalia priora del 23 de abril— es algo que los historiadores siguen discutiendo, y ovidio, en sus fastos, las sitúa más bien en primavera. scullard, que es quien mejor ha ordenado el calendario festivo republicano, mantiene a júpiter como titular indiscutido de la fecha y trata el nexo con venus como el añadido secundario que varrón describe.
así que en un mismo 19 de agosto roma le entregaba la primera uva a júpiter, dejaba los huertos en manos de venus y, extramuros, sus cortesanas rezaban a una diosa importada de sicilia. no era una contradicción para ellos: el calendario romano superponía capas sin pedir permiso, y una fecha podía pertenecer a la vez al dios del estado, a la diosa de los jardines y a un culto que la ciudad no quiso dejar entrar del todo.