durante casi dos años las legiones romanas se formaron en sicilia frente al enemigo y no se atrevieron a atacar. bastaba ver un solo elefante para que recordaran cómo había terminado régulo.
el dato es de polibio y merece detenerse en él, porque describe algo que rara vez aparece en las historias militares: una parálisis colectiva. el terror que jantipo sembró en el bagradas seguía intacto cinco años después. los ejércitos consulares desplegaban cerca de lilibeo y selinunte, veían el cuerpo de elefantes cartaginés enfrente y se negaban a presentar batalla. no era cobardía individual; era una unidad de combate entera que había dejado de creer que podía ganar.
verano del 250 antes de nuestra era. el general cartaginés asdrúbal, hijo de hanón, marchó sobre panormo —la actual palermo, ya en manos romanas— con unos treinta mil hombres y un gran cuerpo de elefantes. dentro estaba el procónsul lucio cecilio metelo. asdrúbal lo creía aterrado, y eso era exactamente lo que metelo quería que creyera.
metelo no derrotó a los elefantes. derrotó la idea de que los elefantes eran invencibles.
metelo fingió pavor y se encerró tras la muralla hasta que asdrúbal, confiado, cruzó el río y plantó a sus bestias delante de la ciudad. era la trampa. metelo había hecho cavar un foso enorme al pie del muro y apostó allí a su infantería ligera con una orden única: clavar en los elefantes todas las jabalinas posibles y refugiarse después en la zanja. desde dentro, los ciudadanos acarreaban haces de venablos hasta la muralla —munición sin fin—. acribillados, sin espacio para cargar y sin nadie a quien alcanzar, los animales enloquecieron, dieron media vuelta y pisotearon a su propio ejército. entonces metelo salió por la puerta y golpeó el flanco descubierto. asdrúbal fue arrasado.
conviene decir dónde se acaba lo seguro. el número de bestias capturadas baila según la fuente, entre sesenta y más de ciento cuarenta, y polibio, plinio y frontino no cuentan la misma historia en los detalles; hay incluso una tradición según la cual metelo las pasó a italia sobre balsas montadas con tinajas, que suena más a anécdota memorable que a informe logístico. lo que no está en discusión es el efecto.
metelo exhibió los elefantes en su triunfo, el animal se convirtió en emblema de la familia cecilia y siguió apareciendo en sus monedas generaciones después, y las legiones volvieron a mirar a cartago de frente. la victoria que importa aquí no es táctica sino psicológica: un arma solo es invencible mientras nadie ha visto cómo se le gana. esa confianza recobrada, eso sí, estaba a punto de estrellarse contra un puerto llamado drépano, y por culpa de unos pollos.