roma tenía la guerra ganada. no la perdió en el campo de batalla, sino en la mesa de negociación, por la pura soberbia de un general con prisa.
estamos a finales del 256 antes de nuestra era. tras la victoria naval del cabo écnomo, las legiones del cónsul marco atilio régulo habían desembarcado en áfrica, arrasado los campos de cartago y acampaban prácticamente a las puertas de la ciudad. polibio es explícito sobre lo que ocurrió entonces, y el detalle importa: fue el propio régulo quien abrió las negociaciones, ansioso por cerrar la guerra antes de que llegara su sucesor y se llevara la gloria de haberla terminado.
tenía la victoria en la mano. impuso unas condiciones tan abusivas —tan calculadas para humillar— que cartago prefirió jugarse la existencia antes que firmarlas. es un error que se repite en toda la historia militar: confundir tener ventaja con tener al enemigo sin salidas. a un adversario que no puede rendirse solo le queda pelear.
a un enemigo al que no dejas rendirse solo le queda luchar hasta el final.
desesperados, los cartagineses contrataron a un mercenario espartano llamado jantipo. su aportación no fue una idea genial ni un arma nueva, sino algo mucho más prosaico y mucho más letal: reorganizó la cadena de mando púnica, entrenó a las tropas con disciplina griega y —sobre todo— eligió el terreno. sacó al ejército romano de las colinas, donde la infantería pesada legionaria era casi imbatible, y lo forzó a combatir en una llanura abierta.
en la primavera del 255, junto al río bagradas, jantipo desplegó a sus cerca de cien elefantes de guerra delante del centro y la caballería en las alas. la carga rompió el frente romano y la caballería púnica, muy superior, cerró el cerco. las legiones de régulo fueron aniquiladas. él mismo, ya procónsul tras prorrogarse su mando, cayó prisionero.
conviene decir qué se ha hecho después con este personaje. la roma posterior convirtió a régulo en un santo laico: la leyenda —que cuentan cicerón y horacio, no polibio— dice que los cartagineses lo enviaron a roma bajo palabra para negociar un intercambio de prisioneros, que él aconsejó al senado rechazarlo, y que después regresó voluntariamente a cartago a morir torturado por cumplir su juramento. polibio, la fuente contemporánea y la mejor informada, no menciona nada de eso. la historiografía moderna trata el episodio como un exemplum moral construido generaciones más tarde. el régulo histórico no es un mártir de la palabra dada: es un general que tuvo la guerra ganada y la tiró por arrogancia.
al conocerse el desastre, el senado envió a toda prisa una flota enorme a rescatar a los supervivientes. la operación funcionó. lo que nadie previó fue lo que esperaba a esa flota en el viaje de vuelta.