la historia que todo el mundo recuerda dice que roma perdió una flota entera porque un cónsul se enfadó con unos pollos que no querían desayunar. la derrota es rigurosamente cierta. con la escena de los pollos hay que tener más cuidado.
año 249 antes de nuestra era. tras una década de desastres navales, roma sostenía su armada a duras penas, y desde el bloqueo de lilibeo preparaba un golpe por sorpresa contra drépano, el puerto cartaginés del extremo occidental de sicilia. al mando iba el cónsul publio claudio pulcro.
antes de una batalla, la religión romana obligaba a consultar la voluntad de los dioses mediante los pulli, los pollos sagrados que viajaban con el ejército. si comían con avidez y dejaban caer grano de sus picos —el tripudium solistimum— el presagio era favorable; si se negaban a comer, no lo era. según cicerón, aquella mañana los pollos no comieron, y claudio pulcro los hizo arrojar por la borda con una frase que se hizo célebre: si no quieren comer, que beban.
la derrota está en polibio. los pollos, no.
y ahí está el matiz que casi siempre se pierde. quien cuenta la anécdota es cicerón en de natura deorum, escribiendo dos siglos después del hecho y con un objetivo argumentativo propio: está discutiendo sobre la adivinación, y el episodio le sirve de ejemplo. polibio, la fuente más cercana a la guerra y la mejor informada sobre ella, narra la batalla de drépano con detalle y no menciona los pollos en ningún momento. eso no prueba que sea falsa —el desprecio de los claudios por las formas religiosas era un tópico de la propaganda romana—, pero sí que es una tradición posterior, no un parte de campaña.
lo que sí está documentado es la derrota, y no hizo falta ninguna impiedad para explicarla. la flota romana entró en la bahía de drépano en desorden y sin haber reconocido el terreno. el almirante cartaginés aderbal, en lugar de dejarse embotellar, sacó sus naves por la otra salida del puerto, ganó el mar abierto y acorraló a los romanos contra la propia costa, sin espacio para maniobrar ni para remar. cartago capturó o hundió noventa y tres naves. fue la única gran victoria naval cartaginesa de toda la guerra.
roma se quedó sin flota, sin dinero público para reconstruirla y con la moral por los suelos. claudio pulcro fue procesado a su regreso. y un par de años después, con la guerra estancada en sicilia, cartago pondría el mando de la isla en manos de un general que convertiría la vida de las legiones en un infierno: amílcar barca, el padre de aníbal.