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los pollos sagrados y el desastre de drépano

proelium drepanitanum

la anécdota es célebre: un cónsul tira por la borda a los pollos augurales y pierde la flota el mismo día. la derrota fue real y catastrófica; la escena de los pollos la cuenta cicerón dos siglos más tarde, y polibio ni la menciona.

grabado del siglo xviii de la batalla naval de drépano, con la flota cartaginesa saliendo del puerto
grabado de la «histoire de polybe», traducción de dom vincent thuillier · dominio público
período
república media

la historia que todo el mundo recuerda dice que roma perdió una flota entera porque un cónsul se enfadó con unos pollos que no querían desayunar. la derrota es rigurosamente cierta. con la escena de los pollos hay que tener más cuidado.

año 249 antes de nuestra era. tras una década de desastres navales, roma sostenía su armada a duras penas, y desde el bloqueo de lilibeo preparaba un golpe por sorpresa contra drépano, el puerto cartaginés del extremo occidental de sicilia. al mando iba el cónsul publio claudio pulcro.

antes de una batalla, la religión romana obligaba a consultar la voluntad de los dioses mediante los pulli, los pollos sagrados que viajaban con el ejército. si comían con avidez y dejaban caer grano de sus picos —el tripudium solistimum— el presagio era favorable; si se negaban a comer, no lo era. según cicerón, aquella mañana los pollos no comieron, y claudio pulcro los hizo arrojar por la borda con una frase que se hizo célebre: si no quieren comer, que beban.

la derrota está en polibio. los pollos, no.

y ahí está el matiz que casi siempre se pierde. quien cuenta la anécdota es cicerón en de natura deorum, escribiendo dos siglos después del hecho y con un objetivo argumentativo propio: está discutiendo sobre la adivinación, y el episodio le sirve de ejemplo. polibio, la fuente más cercana a la guerra y la mejor informada sobre ella, narra la batalla de drépano con detalle y no menciona los pollos en ningún momento. eso no prueba que sea falsa —el desprecio de los claudios por las formas religiosas era un tópico de la propaganda romana—, pero sí que es una tradición posterior, no un parte de campaña.

lo que sí está documentado es la derrota, y no hizo falta ninguna impiedad para explicarla. la flota romana entró en la bahía de drépano en desorden y sin haber reconocido el terreno. el almirante cartaginés aderbal, en lugar de dejarse embotellar, sacó sus naves por la otra salida del puerto, ganó el mar abierto y acorraló a los romanos contra la propia costa, sin espacio para maniobrar ni para remar. cartago capturó o hundió noventa y tres naves. fue la única gran victoria naval cartaginesa de toda la guerra.

roma se quedó sin flota, sin dinero público para reconstruirla y con la moral por los suelos. claudio pulcro fue procesado a su regreso. y un par de años después, con la guerra estancada en sicilia, cartago pondría el mando de la isla en manos de un general que convertiría la vida de las legiones en un infierno: amílcar barca, el padre de aníbal.

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Roma perdió toda una flota y miles de hombres porque un cónsul se enfadó con unos simples pollos que no querían desayunar. Día 57 construyendo la mayor enciclopedia de Roma en internet. Corría el año 249 antes de nuestra era. Roma mantenía a flote una armada a duras penas, tras años de desastres navales, y desde el bloqueo de Lilibeo se preparaba para asestar un golpe sorpresa al puerto cartaginés de Drépano, en Sicilia. El comandante era el arrogante cónsul Publio Claudio Pulcro. Antes de cualquier batalla, la religión romana obligaba a consultar la voluntad de los dioses alimentando a los pollos sagrados. Si comían rápido, los dioses daban luz verde; si se negaban, era un presagio de muerte. Lo cuenta Cicerón siglos después —Polibio, la fuente más cercana a la guerra, ni lo menciona—: aquella mañana, a bordo de la nave insignia, los pollos se negaron a comer. En un arranque de furia e impiedad, Claudio Pulcro agarró a los animales y los tiró por la borda gritando: _"Si no quieren comer, que beban"_. Los dioses, aparentemente, tomaron nota. La flota romana entró desordenadamente en la bahía de Drépano. El almirante cartaginés Aderbal maniobró con una precisión brillante, sacó sus naves al mar abierto y acorraló a los romanos contra la costa. Fue una derrota humillante: Cartago capturó o hundió noventa y tres naves romanas casi sin despeinarse. Roma se quedó sin flota, sin dinero para reconstruirla, y con la moral destrozada por el sacrilegio de su cónsul. Y un par de años después, con la guerra ya estancada, Cartago confiaría el mando de Sicilia a un general que convertiría la vida de las legiones en un puro infierno. Mañana, día 58.

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fontes classicae.

  1. i. polibio · historias libro i, 49-51
  2. ii. cicerón · de natura deorum libro ii, 7

bibliografía moderna.

  1. i. adrian goldsworthy · the punic wars
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.