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la furia de poseidón y la flota destruida

naufragium camarinae

roma armó la mayor flota de su tiempo y la perdió en una tarde. los pilotos avisaron de la tormenta y los cónsules ordenaron mantener el rumbo; frente a camarina se hundieron doscientos ochenta y cuatro barcos de guerra.

náufragos aferrados a los restos de un mástil entre olas enormes al amanecer
iván aivazovski, «la novena ola» (1850) · dominio público
período
república media

roma construyó la mayor flota militar de su época para vencer a cartago. quien la aniquiló en una sola tarde no fue cartago: fue el mar.

año 255 antes de nuestra era. tras el desastre de régulo en el bagradas, el senado armó a toda prisa una flota de rescate de unos trescientos cincuenta buques de guerra y la envió a áfrica a recoger a los supervivientes. la operación salió bien, y salió incluso mejor de lo previsto: de regreso, la flota se topó con una escuadra cartaginesa frente al cabo hermeo, la derrotó y le capturó más de cien naves. rumbo a italia navegaban ya trescientos sesenta y cuatro barcos.

bordeando la costa sur de sicilia, los pilotos —hombres que conocían aquel tramo y sus vientos— advirtieron a los cónsules de que se acercaba una tormenta colosal y pidieron desviar el rumbo. polibio recoge lo que decidieron los comandantes romanos: ignorar el aviso y mantener la derrota prevista. es el mismo defecto que acababa de costarle a roma un ejército en áfrica, aplicado ahora a una flota.

no fue una tormenta lo que hundió aquella flota. fue una tormenta y una orden.

a la altura de camarina el cielo se desplomó. el temporal atrapó a la flota contra una costa acantilada y sin refugios, que es la peor posición posible para una nave de remos: sin margen para capear mar adentro, el viento las empujó contra las rocas. se perdieron doscientos ochenta y cuatro navíos de guerra. sobrevivieron ochenta.

conviene ser preciso con la cifra que suele citarse. las bajas —del orden de cien mil hombres— no son un dato transmitido, sino una estimación calculada a partir del número de naves que da polibio y de la dotación habitual de un quinquerreme. y esos muertos no eran legionarios en su mayoría: eran remeros, marineros y aliados itálicos, la mano de obra invisible del poder naval romano. con esa salvedad, sigue siendo la mayor pérdida de vidas en un solo naufragio masivo de la que tenemos noticia.

cartago no tuvo que mover un dedo para ver arruinado a su enemigo. y lo más revelador de todo es lo que roma hizo después: volvió a construir la flota. esa terquedad —absorber una catástrofe que habría sacado de la guerra a cualquier otra potencia y seguir— es la explicación de fondo de por qué acabó ganando. mientras tanto, en sicilia, un general estaba a punto de coger el arma que aterraba a las legiones desde el bagradas y convertirla en una trampa.

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Roma construyó la mayor flota militar de su época para vencer a Cartago, pero quien se encargó de aniquilarla en un solo día fue la pura furia del océano. Día 55 construyendo la mayor enciclopedia de Roma en internet. Es el año 255 antes de nuestra era. Tras el desastre de Régulo en África, el Senado romano envió de urgencia una inmensa flota de rescate de unos trescientos cincuenta buques de guerra. Evacuaron a los supervivientes desde la costa africana y, ya de regreso, aún vencieron a una flota cartaginesa en el cabo Hermeo y capturaron más de cien naves. Con ese botín, la flota que ponía rumbo a Italia sumaba trescientos sesenta y cuatro barcos. Pero en el viaje de regreso, bordeando la traicionera costa sur de Sicilia, los pilotos navales advirtieron a los cónsules de que una colosal tormenta se acercaba. Polibio nos relata que los comandantes romanos, ignorando la experiencia de sus pilotos, se negaron a desviarse. Ordenaron mantener el rumbo. A la altura de Camarina, el cielo se desplomó. Un huracán atrapó a la flota romana y la empotró contra los afilados acantilados de la costa. Fue una matanza absoluta provocada por la naturaleza. Doscientos ochenta y cuatro navíos de guerra se hundieron o se estrellaron contra las rocas. A partir de las cifras de naves que da Polibio se calcula que unos cien mil hombres —en su mayoría remeros y aliados, no solo ciudadanos romanos— murieron ahogados o destrozados en aquella tormenta. Fue, y sigue siendo, la mayor pérdida de vidas en un solo naufragio masivo en la historia humana. Cartago apenas tuvo que mover un dedo para ver a su enemigo arruinado; el mar lo había hecho gratis. Pero, mientras Roma lamía sus heridas, en Sicilia un solo general estaba a punto de coger el arma que aterraba a las legiones desde Bagradas —el elefante de guerra— y convertirla en una trampa mortal. Mañana, día 56.

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fontes classicae.

  1. i. polibio · historias libro i, 36-37

bibliografía moderna.

  1. i. adrian goldsworthy · the punic wars
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.