roma consiguió su primera gran victoria en el mar renunciando a pelear en el mar. si no podía ganar maniobrando, haría que no hiciera falta maniobrar: un puente levadizo rematado en una púa de hierro, acoplado a la proa, que clavaba las dos naves y convertía la batalla naval en lo único que roma sabía hacer mejor que nadie.
el estreno había sido humillante. es el año 260 antes de nuestra era y el cónsul cneo cornelio escipión se adelantó con diecisiete naves hacia lípari, donde la escuadra cartaginesa lo embotelló en el puerto y lo capturó con sus barcos intactos, sin apenas combate. arrastró el apodo el resto de su vida: asina, la burra. el mando pasó al otro cónsul, cayo duilio.
frente a él estaba la flota púnica, con la ventaja de un siglo de oficio: barcos más rápidos, tripulaciones capaces de rodear al enemigo y romperle los remos de pasada. avanzaron sin formación cerrada, convencidos de que aquello sería una cacería. lo que no sabían es lo que los romanos llevaban montado en la proa.
si no puedes ganar una batalla naval, deja de librar una batalla naval.
el aparato se llamaba corvus, «cuervo». polibio lo describe con precisión de manual: una pasarela de unos diez metros que giraba sobre un poste vertical, con una púa de hierro pesada en el extremo. cuando la nave enemiga se acercaba lo suficiente, se soltaba el puente y la púa atravesaba su cubierta. las dos naves quedaban cosidas. y por esa pasarela cruzaban los legionarios con el escudo por delante.
cartago no tenía respuesta para eso. sus barcos estaban diseñados para embestir y escapar, no para recibir infantería pesada a bordo. polibio cuenta que en milas los cuervos atraparon entre treinta y cincuenta naves púnicas, incluida la capitana del almirante aníbal gisgón —el mismo que había escapado de agrigento—, que abandonó su nave y huyó en un bote. el resto de la flota se retiró.
roma celebró la victoria con un monumento que decía exactamente lo que quería decir: una columna en el foro rematada con los espolones de bronce arrancados a los barcos cartagineses, la columna rostrata de duilio. de la inscripción original se conserva una copia de época imperial, muy restaurada, que sigue siendo uno de los testimonios más antiguos del latín monumental.
ahora el matiz, porque el corvus tiene mala prensa entre los historiadores modernos. polibio es la única fuente que lo describe con detalle, y su descripción plantea un problema físico serio: un artefacto de ese peso montado en la proa desplaza el centro de gravedad justo donde más daño hace, y varias escuadras romanas se perdieron después en tormentas con pérdidas difíciles de explicar sólo por el mal tiempo. de ahí que el corvus desaparezca del relato pocos años más tarde sin que ninguna fuente cuente por qué. lazenby y miles coinciden en que funcionó mientras cartago no supo qué hacer con él, y en que roma lo abandonó en cuanto sus tripulaciones aprendieron el oficio de verdad.
lo que milas demostró no fue superioridad naval, sino algo más incómodo para cartago: que la ventaja técnica de un siglo se podía anular con una idea barata y un trozo de hierro. roma ya no dominaba sólo italia; reclamaba el mar. y con esa confianza recién estrenada iba a plantearse lo impensable —llevar la guerra a áfrica—, para lo cual antes tendría que sobrevivir a la mayor batalla naval que se recuerda.