roma consiguió su primera gran victoria en el mar renunciando a pelear en el mar. si no podía ganar maniobrando, haría que no hiciera falta maniobrar: un puente levadizo rematado en una púa de hierro, acoplado a la proa, que clavaba las dos naves y convertía la batalla naval en lo único que roma sabía hacer mejor que nadie.
el estreno había sido humillante. es el año 260 antes de nuestra era y el cónsul cneo cornelio escipión se adelantó con diecisiete naves hacia lípari, donde la escuadra cartaginesa lo embotelló en el puerto y lo capturó con sus barcos intactos, sin apenas combate. arrastró el apodo el resto de su vida: asina, la burra. conviene no dar por hecho de dónde salió, porque casi siempre se cuenta mal: polibio narra el desastre y no menciona el apodo ni una sola vez, la única explicación antigua que existe es la de macrobio —un antepasado que, al exigírsele fiadores, se presentó en el foro con una burra cargada de dinero como prenda— y el cognomen era hereditario, porque su propio hijo, cónsul en el 221, también era escipión asina. que se lo colgaran los rivales por lo de lípari es una etimología moderna, no un dato. el mando pasó al otro cónsul, cayo duilio.
frente a él estaba la flota púnica, con la ventaja de un siglo de oficio: barcos más rápidos, tripulaciones capaces de rodear al enemigo y romperle los remos de pasada. avanzaron sin formación cerrada, convencidos de que aquello sería una cacería. lo que no sabían es lo que los romanos llevaban montado en la proa.
si no puedes ganar una batalla naval, deja de librar una batalla naval.
los libros lo llaman corvus, «cuervo», pero ese latín es traducción: el nombre es el griego de polibio, kórax, que según él se le dio después, y los autores latinos que cuentan lo de duilio hablan de «manos de hierro». polibio lo describe con precisión de manual: una pasarela de unos diez metros que giraba sobre un poste vertical, con una púa de hierro pesada en el extremo. cuando la nave enemiga se acercaba lo suficiente, se soltaba el puente y la púa atravesaba su cubierta. las dos naves quedaban cosidas. y por esa pasarela cruzaban los legionarios con el escudo por delante.
cartago no tenía respuesta para eso. sus barcos estaban diseñados para embestir y escapar, no para recibir infantería pesada a bordo. polibio cuenta que en milas los cuervos atraparon entre treinta y cincuenta naves púnicas, incluida la capitana del almirante aníbal gisgón —el mismo que había escapado de agrigento—, que abandonó su nave y huyó en un bote. el resto de la flota se retiró.
roma celebró la victoria con un monumento que decía exactamente lo que quería decir: una columna en el foro rematada con los espolones de bronce arrancados a los barcos cartagineses, la columna rostrata de duilio. de la inscripción original se conserva una copia de época imperial, muy restaurada, que sigue siendo uno de los testimonios más antiguos del latín monumental.
ahora el matiz, porque el corvus tiene mala prensa entre los historiadores modernos. polibio es la única fuente que lo describe con detalle, y su descripción plantea un problema físico serio: un artefacto de ese peso montado en la proa desplaza el centro de gravedad justo donde más daño hace, y varias escuadras romanas se perdieron después en tormentas con pérdidas difíciles de explicar sólo por el mal tiempo. polibio, que cuenta el mayor de esos naufragios, culpa a los mandos, que desoyeron a los pilotos, y no menciona el aparato; después de ecnomo, cuatro años después de milas, no vuelve a nombrarlo, y no dice que se abandonara ni por qué. lazenby y miles coinciden en que funcionó mientras cartago no supo qué hacer con él, y en que roma lo abandonó en cuanto sus tripulaciones aprendieron el oficio de verdad.
lo que milas demostró no fue superioridad naval, sino algo más incómodo para cartago: que la ventaja técnica de un siglo se podía anular con una idea barata y un trozo de hierro. roma ya no dominaba sólo italia; reclamaba el mar. y con esa confianza recién estrenada iba a plantearse lo impensable —llevar la guerra a áfrica—, para lo cual antes tendría que sobrevivir a la mayor batalla naval que se recuerda.