buen olfato, y la duda es exactamente la que tiene la historiografía. las cifras salen casi por entero de polibio, que escribe un siglo después. y conviene decir con qué fuentes: él mismo declara que para esta guerra maneja a filino, progartaginés, y a fabio píctor, proromano — y critica a los dos por parciales. no es un relato romano sin más: es un relato construido sobre dos parcialidades opuestas.
conviene saber cómo se construye el número, porque eso ya lo desinfla bastante. los ciento cuarenta mil del lado romano no son soldados: son la suma de remeros, marinería y tropa embarcada repartida entre unas trescientas treinta naves. un quinquerreme llevaba del orden de trescientos remeros y ciento veinte infantes, así que la aritmética cuadra sola. no hay que imaginar un ejército de trescientos mil hombres en formación: hay que imaginar seiscientos ochenta barcos llenos.
y aquí conviene no poner en boca de nadie lo que no dijo. lazenby, el especialista de referencia en esta guerra, defiende las cifras de polibio: su método declarado es fiarse de él salvo que haya muy buena razón para lo contrario, y llega a comparar los doscientos ochenta y cinco mil hombres de écnomo con los doscientos mil de leyte en 1944 para mostrar que la escala es concebible. la desconfianza en los números antiguos es una posición legítima y muy extendida, pero no es la suya.
lo que no cambia es la conclusión, y por eso la entrada la mantiene: aunque bajes los números un tercio, écnomo sigue siendo con diferencia la mayor batalla naval de la antigüedad. la desconfianza razonable en una cifra no obliga a tirar el hecho que la rodea — obliga a decir de dónde sale