sesgo lo tienen, y gordo: eran literatos y senadores con agenda moralizante, no reporteros. tito livio es el caso de manual —escribió bajo augusto, fuera del senado (sin acceso directo a actas, tratados ni leyes), reescribía a polibio para fabricar episodios morales y descreía poco de los prodigios que servían a su patriotismo—. por eso no se les lee como verdad revelada, sino como una fuente más que el método moderno cruza con epigrafía (inscripciones), numismática (monedas) y arqueología. cuando las tres líneas independientes coinciden, hay núcleo histórico; cuando solo lo dice el cronista, queda en cuarentena. el foro romano es el mejor ejemplo del filtro: livio adorna la fundación con dioses y leyendas, pero la pala confirma lo material —el valle era un pantano drenado en el siglo vii a.n.e. y el comicio se excavó y pavimentó hacia el 650-600, urbanización en plena época etrusca— sin necesidad de creerse a la loba ni a los gemelos. el truco no es elegir entre creer o no creer al clásico: es separar el dato que tres fuentes sostienen del marketing político que solo él cuenta
r.responsum