el animal más famoso de toda la historia de roma, el símbolo absoluto de la ciudad, esculpido en bronce, acuñado en monedas y enarbolado por las legiones, puede que nunca fuera un animal. la loba que amamantó a los gemelos fundadores tal vez fue, en su origen, una mujer de carne y hueso.
la tradición romana fija la fundación en el año 753 a.n.e., una fecha más simbólica que histórica: la arqueología muestra ocupación continua en las colinas siglos antes, y la datación varroniana hoy se considera convencional. según el relato, amulio —rey usurpador de alba longa— ordenó arrojar al tíber a los gemelos rómulo y remo, hijos de su sobrina rea silvia, para eliminar a los herederos legítimos del trono que él había arrebatado a su hermano númitor. el mito cuenta que sobrevivieron, amamantados por una loba enviada por los dioses, hasta que un pastor llamado fáustulo los recogió y los crió como hijos.
al hacerse hombres, los gemelos decidieron fundar su propia ciudad sobre el río que casi los mata. y aquí el mito vira de la maravilla al crimen. rómulo trazó con un arado un surco sagrado en la tierra, el pomerium, la frontera religiosa que separaba lo urbano de lo salvaje. remo, para burlarse de las defensas de su hermano, saltó por encima de esa línea. rómulo lo consideró un sacrilegio imperdonable y lo mató allí mismo. roma nacía, literalmente, manchada por un fratricidio.
roma nacía manchada por un fratricidio. y los romanos no lo escondían: lo aceptaban como prueba de su naturaleza guerrera.
la loba, en cambio, era otra cuestión. ya en la antigüedad, el episodio del animal divino levantaba sospechas, y fue tito livio quien recogió —sin suscribirla— una explicación alternativa que circulaba entre los suyos: “sunt qui larentiam… lupam inter pastores vocatam putent”, hay quienes piensan que a larentia los pastores la llamaban lupa. en el latín cotidiano, la palabra lupa significaba “loba”, sí, pero era también un término de argot frecuente para las mujeres que ejercían la prostitución.
de ahí la conjetura, recogida ya por la tradición clásica: que la mujer del pastor fáustulo —identificada en algunas versiones con acca larentia, aunque plutarco las distingue— fuera una lupa en ese segundo sentido, y que con el paso de los siglos, al dignificar el origen de la capital del mundo, la mujer de mala vida se transformara en una bestia sagrada enviada por marte. conviene ser prudente: no es un hecho probado, sino una de las racionalizaciones que los propios romanos barajaban para explicar un símbolo que los incomodaba. la historia moderna no la confirma ni la refuta; simplemente la registra como muestra de que, ya entonces, había quien leía la leyenda con escepticismo.
la imagen sobrevivió a todas las dudas. la loba con los gemelos al pecho —la lupa capitolina— se convirtió en el emblema de roma por excelencia, presente en monedas, relieves y estandartes durante siglos como sello de identidad de la ciudad. la estatua de bronce que hoy se conserva en los museos capitolinos pasó mucho tiempo por obra etrusca del siglo v a.n.e., pero el debate técnico abierto en 2006 por la restauradora anna maria carruba —que advirtió que la pieza está fundida en una sola colada, un procedimiento medieval, no etrusco— ha puesto su antigüedad en entredicho. las dataciones de laboratorio coinciden: el radiocarbono sobre los residuos del núcleo de fundición la sitúa entre los siglos xi y xii d.n.e., y la termoluminiscencia entre los siglos viii y xiv. la atribución tradicional al siglo v a.n.e. sigue con defensores, pero las dataciones de laboratorio apuntan a la edad media sin que haya consenso sobre la antigüedad real.
más allá del animal, lo que la fundación deja claro es el tipo de comunidad que rómulo había levantado. para poblarla deprisa, abrió un asilo que atrajo a fugitivos, deudores y criminales de toda la región: una ciudad de hombres sin pasado y sin escrúpulos. el problema era evidente y demográfico. había varones de sobra y casi ninguna mujer, y ninguna comunidad vecina quería emparentar con semejante chusma. roma corría el riesgo de extinguirse en una sola generación, y la solución que rómulo encontró sería el primer gran crimen internacional de su historia.