no, no es cannas: cannas fue aníbal en el 216 a.n.e., y las horcas caudinas son del 321 a.n.e., casi un siglo antes y contra los samnitas, no los cartagineses. y aquí está lo bueno: en caudio no murió prácticamente nadie. fue una derrota sin sangre, pura humillación quirúrgica. dos ejércitos consulares quedaron embolsados en un desfiladero, sin víveres ni salida, y el samnita gayo poncio no los pasó a cuchillo: los hizo entregar las armas y desfilar medio desnudos, uno a uno, bajo el yugo —el iugum, dos lanzas clavadas y una tercera atada encima, tan baja que obligaba a agacharse. ese gesto era el rito con que se domaba a las bestias de carga; de ahí viene literalmente “subyugar” (sub + iugum). para el orgullo romano agacharse así ante el enemigo y volver vivo era peor que morir: perdías la cara, no la batalla. y lo más jugoso es el consejo del padre. gayo consultó a herennio poncio, su anciano padre, que le dio dos salidas opuestas y ninguna intermedia: o los sueltas a todos sanos y salvos para ganártelos como aliados de por vida, o los exterminas hasta el último hombre para mutilar a roma una generación. humillarlos y soltarlos —el término medio— sería lo peor de todo, porque dejas vivo a un enemigo herido en el orgullo. gayo eligió justo eso, lo que su padre había desaconsejado. y acertó el viejo: roma repudió el pacto y convirtió caudio en agravio fundacional
r.responsum