relieve neoclásico de moitte en la fachada del louvre con numa pompilio, segundo rey de roma
jean-guillaume moitte (1806) · fachada cour carrée del louvre · foto marie-lan nguyen · dominio público
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el primer magnicidio de roma

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la misteriosa desaparición de rómulo y el rumor de un crimen de estado orquestado por el senado. cómo roma resolvió su primer vacío de poder eligiendo a un extranjero, numa pompilio, que fundó la religión del estado sin desenvainar la espada.

el fundador de roma no murió en su cama. según la versión oficial, se desvaneció en el aire, arrebatado por los dioses en mitad de una tormenta. el rumor que corría por las calles contaba otra cosa: lo asesinaron, y la desaparición milagrosa fue la coartada que el senado vendió al pueblo.

la tradición sitúa el final de rómulo hacia mediados del siglo viii, tras casi cuarenta años de reinado. con el tiempo, cuenta el relato, el primer rey se había vuelto un autócrata: gobernaba por encima del senado y despreciaba a la asamblea de patres que él mismo había creado. un día, mientras pasaba revista a sus tropas junto a la laguna de la cabra (caprae palus), en el campo de marte, estalló una tormenta repentina y la oscuridad se tragó el cielo. cuando la luz volvió, el trono estaba vacío. rómulo se había esfumado.

los senadores juraron que rómulo había ascendido al cielo. el pueblo lo creyó. pero por las calles corría una versión mucho más terrenal.

los senadores proclamaron de inmediato que rómulo había sido elevado a los cielos y convertido en el dios quirino. la versión le convenía a todos: le daba a roma un fundador divinizado y cerraba el episodio sin culpables. pero las dos lecturas conviven ya en la propia tradición antigua. la propia tradición antigua recoge el murmullo más siniestro: livio (i.16) lo deja apuntado, y plutarco (rómulo 27) y dionisio de halicarnaso (ii.56) lo detallan: la sospecha de que los senadores, hartos del tirano, lo rodearon aprovechando la tormenta, lo apuñalaron, descuartizaron el cuerpo y lo sacaron oculto bajo sus togas, pieza a pieza, sin que la guardia se diera cuenta. de ser cierto, el primer rey de roma habría sido también su primer magnicidio.

fuera apoteosis o crimen, el resultado fue un vacío de poder, con la ciudad al borde de la guerra civil entre la facción romana y la sabina. la solución fue tan astuta como reveladora: para no dar el trono a ninguno de los dos bandos, eligieron a un forastero neutral, un sabino con fama de piadoso y sensato, numa pompilio. y si rómulo había sido el rey de la espada, numa sería el rey del altar.

numa entendió una cosa: a un pueblo nacido de fugitivos y guerreros no se lo gobierna solo con leyes, sino con miedo a los dioses. para dar autoridad a sus reformas, hizo correr que recibía consejo directo de una ninfa, egeria, en un bosque sagrado. amparado en ese mandato sobrenatural, levantó casi de la nada la arquitectura religiosa del estado romano: instituyó el colegio pontifical —cuya cabeza acabaría llamándose pontifex maximus—, ordenó los colegios sacerdotales y dio forma institucional al culto de las vestales —que, según la tradición, trajo de alba longa, donde ya se veneraba a vesta—. también, según el relato, reformó el caótico calendario para acompasar el tiempo civil al religioso.

el verdadero sentido del episodio está en el contraste con su predecesor. la tradición presenta a roma oscilando desde el principio entre dos polos —la guerra y la ley, marte y jano— y a numa como la prueba de que la ciudad sabía detenerse a construir instituciones cuando hacía falta. reinó, dicen, cuarenta y tres años sin desenvainar una sola vez: una larga edad de paz legislativa y religiosa.

aquí conviene una mirada escéptica, y es la propia cronología la que la invita. la tradición comprime toda la monarquía en siete reyes a lo largo de unos dos siglos y medio, lo que da reinados de una duración inverosímil —más de treinta años de media—, y reparte entre ellos las instituciones de roma con una pulcritud sospechosa: rómulo el fundador y el ejército, numa la religión, y así sucesivamente. los historiadores modernos sospechan que esos siete reyes condensan a muchos más gobernantes, o que sus biografías son construcciones posteriores que proyectan hacia atrás el origen de cada institución sobre una figura ejemplar. numa, en ese sentido, no es tanto un hombre como un emblema: el arquetipo del legislador piadoso al que roma atribuyó, en bloque, los cimientos de su vida religiosa. su recuerdo tuvo tal fuerza que, siglos después, el emperador augusto se presentaría como un nuevo numa, restaurador de la piedad y la paz tras las guerras civiles.

pero roma había nacido de la sangre, y la calma acabó por aburrirla. el rey siguiente devolvería la ciudad al campo de batalla, y lo haría de la forma más extraña imaginable: jugándose el futuro de dos pueblos a un duelo a muerte.

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El fundador de Roma no murió de viejo. Desapareció literalmente en el aire durante una tormenta, o al menos, esa fue la mentira oficial que le vendieron al pueblo para tapar un magnicidio. Día 4 construyendo la mayor Enciclopedia de Roma en internet. Llegamos a principios del siglo séptimo antes de nuestra era. Tras casi cuarenta años en el poder, Rómulo se había vuelto un tirano que despreciaba al Senado. Un día, mientras pasaba revista a sus tropas, estalló una tormenta y un eclipse oscureció el cielo. Cuando la niebla se disipó, el trono estaba vacío. Los senadores juraron que Rómulo había sido elevado a los cielos por los dioses. El pueblo se lo creyó. Pero las crónicas de la calle recogían rumores más oscuros. La sospecha es que los senadores lo rodearon, lo silenciaron para siempre a puñaladas, lo ocultaron bajo sus togas y sacaron los restos sin que el ejército se diera cuenta. Roma estaba al borde de la guerra civil por el vacío de poder. Eligieron a un extranjero para calmar las aguas: Numa Pompilio. Numa sabía que gobernar a un pueblo violento era imposible, así que se inventó que recibía consejos directamente de una ninfa divina. Con esa autoridad mística, creó toda la religión romana estatal de la nada. Fundó el cargo de Pontífice Máximo y organizó a las Vestales. Numa gobernó más de cuarenta años sin sacar la espada. Fue una edad de paz legislativa y religiosa. Pero Roma había nacido de la sangre, y la paz les aburría profundamente. El siguiente rey arrastraría al país a un duelo a muerte para decidir su futuro, y lo vemos mañana.

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fontes classicae.

  1. i. tito livio · ab urbe condita libro i
  2. ii. plutarco · vida de rómulo y vida de numa

bibliografía moderna.

  1. i. r.m. ogilvie · a commentary on livy libros i–v, oxford, clarendon press, 1965
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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