atención · sociedad

una derrota desde el primer momento

entre el scroll infinito y la inteligencia artificial se me está fundiendo el cerebro. y empiezo a pensar que el autocontrol es una mentira que nos hemos creído.

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ulises, atado al mástil, resiste el canto de las sirenas que rodean su nave. john william waterhouse, 1891.
john william waterhouse · national gallery of victoria, melbourne · dominio público

estoy cansado. muy cansado, y harto. entre el scroll infinito y la inteligencia artificial se me está fundiendo el cerebro. nunca me han gustado las redes sociales; durante mucho tiempo estuve sin ellas, y cuando caí fue por obligación, por presión, por necesidad, siempre con desgano. fui especialmente reticente a tiktok, porque era consciente de hasta qué punto habían perfeccionado la retención: la manera de freírte el cerebro con ciclos de dopamina extremos.

me bajé tiktok con un único motivo: hacer vídeos. y esa parte —intentar hacer un contenido bueno, más educativo, no tan extremadamente dinámico— sí me gusta. pero viene con un contraprecio: tienes que instalarte la aplicación y tenerla en el móvil. y es adictiva. es esa droga que sabes que es mala y tomas igual, pensando que, como eres consciente de lo mala que es, no vas a engancharte tanto. y noto que no es cierto. lo noto.

llevo más de dos semanas sin subir un vídeo, y aun así entro cada día, y veo muchos tiktoks. algunos me gustan, pero es basura: literalmente comida basura de atención. mi uso del móvil ha subido, de media, entre una y dos horas al día. y noto cómo me afecta. no positivamente.

y es que la dictadura del scroll infinito está en todas partes. buscas piso y es scroll y más scroll de inmuebles en idealista, en fotocasa; es terrible, terrible dónde hemos acabado. luego intentas concentrarte en el trabajo y tienes la inteligencia artificial, que produce exactamente el mismo efecto.

sé que me repito, sé que ya he hablado de esto, pero estoy cansado. cansado de esta necesidad constante de producir, de crear, de hacer cosas. siempre me he creído un hombre bastante deconstruido, y me doy cuenta de que no, de que soy uno más. esta necesidad de generar, de construir, de tener éxito, de ganar dinero, de tener empresas, de emprender… ¿qué necesidad hay? y con la inteligencia artificial, de desarrollar diecisiete proyectos a la vez, cosas que ni siquiera necesito, que ni siquiera estoy disfrutando. pero lo haces porque entras en la rueda. somos el hámster: dale, y dale, y dale. y lo terrible es que lo haces siendo consciente de ello.

no es una batalla ni una decisión: es una derrota desde el primer momento. y eso es lo peligroso.

voy a intentar ser más consciente. no usar el móvil antes de dormir —aunque lo último que hago cada noche es leer, eso no lo he dejado ni quiero dejarlo, la lectura es importantísima para mí; pero antes de leer uso el móvil: ayer, veinte minutos mirando pisos en idealista—. me levanto por la mañana y lo primero que pienso es en mandarle un mensaje a claude para que empiece a contar la ventana de cinco horas. y de ahí, a tiktok, o a whatsapp. no tengo instagram en el móvil; tiktok lo tengo con la excusa de subir vídeos.

por eso he pensado que me gustaría publicar en más redes, para tener más alcance —evidentemente, cuanto más alcance, mejor—, pero sobre todo porque hay gente de mi entorno que no ve mis vídeos porque no tiene tiktok ni quiere instalárselo. ahí youtube o instagram servirían. voy a buscar la manera de hacer estas publicaciones cruzadas desde una única plataforma, sin tener que instalarme las redes. a ver si así soy un poco más fuerte y no caigo en ver tiktok todo el día. porque me divierto, sí, pero luego lo pienso y el efecto que tiene en mí no me gusta.

pero el problema de fondo es más grave, y es este: estamos dejando el control de estas cosas al autocontrol. a que cada uno decida cuánto tiempo quiere, o puede, dedicarles. y es una falsa ilusión de control, porque no puedes: está diseñado para que no puedas. eres una única persona, un tío solo en el sofá, o en el autobús, o en el metro, usando un arma tecnológica en la que se han invertido miles de millones en investigación, donde los ingenieros más brillantes se han dedicado noche y día a descubrir la mejor forma de tenerte enganchado. no es una batalla ni una decisión: es una derrota desde el primer momento. y eso es lo peligroso.

por eso no puede ser una decisión que cada uno tenga la libertad de tomar. lo siento: estoy a favor de la libertad, pero esto es peligroso. es como decir que legalizamos las armas, que cada uno tenga la suya y decida, en su sano juicio, si la usa, si la guarda en un cajón, si la lleva cargada o descargada. no es correcto. ya vemos, en algunos estados, cómo funciona: que un niño pueda coger una pistola y liarla en un colegio porque tiene acceso a ella. y sí, guardando las distancias: un móvil no mata de una forma tan visualmente desagradable como un tiro, pero mata también —con adicciones, con depresiones, con ansiedad—. mata. y encima es al revés que una pistola: hay gente que lo necesita, para trabajar, para comunicarse. un móvil, hoy, es mucho peor que una pistola. no deberíamos dejar que cada uno se autogestione su arma.

y es durísimo. lo estoy pasando mal. y estoy escribiendo esto —grabándolo, entre comillas— en el móvil. por no hablar de la cantidad de gente que ves conduciendo con el teléfono en la mano. lo raro es que haya tan pocos accidentes para la de gente que desvía la atención a la pantalla mientras conduce. se identifica enseguida a quien va con el móvil, por cómo se mueve el coche; lo ves con tus propios ojos. no sé cómo hemos llegado hasta aquí. pero voy a intentar, al menos, ser consciente.

didacus · mmxxvifin · explicit
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce el siglo en el que vive. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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