creadores · publicidad

el precio de mil seguidores

en tiktok, de cada tres vídeos, dos son publi. y lo que me remueve no son las cuentas gigantes, sino las diminutas.

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el cambista pesa monedas de oro mientras su mujer aparta los ojos del libro de oración. quentin massys, 1514.
quentin massys · museo del louvre, parís · dominio público

estoy hasta arriba. abro tiktok y de cada tres vídeos, dos son publi. y no hablo de la publicidad que te mete tiktok, sino de la publi de gente que hace contenido: colaboraciones, promociones, marcas. una aclaración importante antes de seguir: esto no es una crítica a los creadores, y menos a los pequeños. si a alguien con quinientos seguidores le sale una colaboración, me alegro por él; ojalá le haga ilusión, ojalá le sirva.

dentro del asco que le tengo al scroll infinito —lo he dicho otras veces—, hay una cosa que sí me gusta: seguir cuentas pequeñas. mil, cinco mil, veinte mil seguidores, me da igual; cualquier cosa por debajo de diez mil. me gusta porque es gente que hace un contenido genuino, que intenta aportar algo, que se lo curra. y sí, en parte hablo de mí mismo, como cuenta pequeña que intenta hacer algo educativo que a la gente le guste.

¿por qué lo hago? para aprender. me encanta aprender. me está apasionando la antigua roma, la historia. y quizá sorprenda: soy un tío de ciencias. en el colegio la historia me daba igual, era de empollar; a mí me gustaban las matemáticas. pero de repente algo se me despertó, y quiero aprender más. hago el contenido para aprender yo. que luego se haya formado una comunidad —gente que sigue, que comenta, que valora el trabajo, porque esto es trabajo— está genial.

y sí, comparto la crítica de siempre: hay influencers gigantes que no editan sus vídeos, que seguramente ni escriben sus guiones, que suben una historia y ganan diez mil euros. es fuerte que alguien haga un vídeo montándose un menú del burger king y cobre, en un año, más que muchos médicos en cinco o en diez. es una locura, estoy de acuerdo. pero ese no es mi tema.

lo que me flipa es otra cosa: cuentas pequeñas, de quinientos, mil, dos mil seguidores, haciendo colaboraciones y publis. y aquí mezclo, lo reconozco, dos asuntos. por un lado, esas cuentas pequeñas haciendo publi; por otro, el tipo de contenido que hacen los creadores enormes. porque a los grandes los sigues porque los conoces, no porque aporten: es la salsa rosa de hoy, te cuentan su día, sus bailes, su vida. si ese mismo contenido lo hiciera tu primo o mi abuela, no lo mirarías. y está bien, son personajes públicos, mueven a mucha gente, chapó por ellos. pero al lado tienes a alguien con quinientos seguidores que se curra un videazo, súper editado, con una temática guapísima, y se queda en dos mil visitas, o no llega ni a mil. y no lo entiendo.

un videazo currado se queda en mil visitas; cuatro basuras con dos bailes se van a millones.

pero el trasfondo al que quiero llegar es este: ¿hasta qué punto hemos llegado para que a una marca le compense ir a buscar a una cuenta diminuta? un tío o una tía de nicho, con dos mil seguidores, que a lo mejor ha subido doscientos vídeos y no ha crecido más porque se quedó en su nicho, o por el algoritmo, o por lo que sea. ¿hasta qué momento de consumismo extremo hemos llegado para que a la marca le valga la pena ese seguidor? ahí es donde quería ir.

que una cuenta de tres millones haga una publi lo entiendo: tiene un público, es publicidad de las de siempre. antes era la televisión, un partido de fútbol, las vallas de un campo. un estadio de cien mil personas tiene sus leds cambiando, anunciando nike, adidas, coca-cola. y si te vas al campo de tu pueblo no hay leds: hay cuatro lonas de plástico del bar pepito y del bar manolo. tiene su lógica: pez grande, pez pequeño, cuanta más masa, mejor.

pero ahora veo cuentas muy pequeñas haciendo publicidad de marcas que no son tan pequeñas. ¿qué sacan? ¿les pagan? ¿les dan producto? ¿cómo funciona, y por qué? y sé que decir esto es fácil para mí, que soy una cuenta más grande; se puede leer como envidia, como que yo también querría esas colaboraciones. es justo lo contrario. respeto total a esas cuentas: son las que me gustan, las que creo que aportan, uno de los pocos motivos por los que vale la pena hacer scroll de vez en cuando. y ojalá tuvieran más, ojalá pudieran ganarse la vida así.

cuando una marca te contacta y tú tienes mil seguidores, tu poder sobre ella es nulo. eres su rehén.

lo que me remueve es otra cosa. esto es una dictadura tan grande de las marcas que, cuando una te contacta y tú tienes mil seguidores, tu poder sobre ella es nulo. eres su rehén. vas a hacer lo que quieran contigo. y ahí, para mí, está el problema. inconscientemente, en mi cabeza, todo esto suena a una palabra: credibilidad. pérdida de credibilidad. porque esa marca no te necesita para nada; tú, en cambio, igual no la necesitas, pero te viene de perlas. y si ya te han contactado una vez, ¿cómo no vas a intentar que se queden contentos contigo?

y esa es la trampa. lo que hacía valiosas a esas cuentas —su alma propia, su genuinidad, lo único que las distinguía— es justo lo que se erosiona a cambio de una promo. no se lo reprocho a nadie: ojalá se ganaran la vida así. solo me pregunto hasta dónde hemos llegado para que salga a cuenta ir a buscar al último seguidor.

didacus · mmxxvifin · explicit
dídac
⁕ sobre el autor ⁕

dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce el siglo en el que vive. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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