ia · oficio

el tiktok de la producción

la inteligencia artificial me ha abierto tantas puertas a la vez que me ha esclavizado a abrir una tras otra, sin parar a pensar si debería.

publicado actualizado

sísifo empuja eternamente la roca cuesta arriba en el inframundo. tiziano, 1548–49.
tiziano · museo del prado, madrid · dominio público

en esta segunda publicación quería hablar brevemente sobre la irrupción de la inteligencia artificial en la necesidad de producir de una persona. hablo de mí, pero bastante gente que lea esto se va a sentir identificada.

yo, de por sí, soy una persona con cierta propensión a sentir la necesidad de producir. soy consciente de que es un sentimiento que en cierto modo me ha impuesto la sociedad por ser un hombre blanco heterosexual que se supone que debe tener éxito, y ese éxito pasa por producir, aportar a la economía, tener una empresa, emprender. saberlo no quita que el sentimiento perdure. tengo muchas ideas, me interesan muchas cosas a la vez; intento organizarme para ir ejecutando las que más me llaman la atención en cada momento. muchas las abandono: no es solo productividad, es muchísima curiosidad por explorar, y cuando me canso lo dejo.

¿a dónde quiero ir? a cómo la irrupción de la inteligencia artificial ha exacerbado esto hasta un límite que roza la insalubridad. soy ingeniero de software —tengo estudios de física y química, pero ejerzo como ingeniero de software—. siempre he tenido varias ideas de proyectos que me hubiese gustado hacer, y por mi condición de ingeniero eran una posibilidad remota: tenía la aptitud para hacer una app, una web, un software específico, pero muchas veces no tenía el tiempo ni los recursos.

la irrupción de la inteligencia artificial es un cambio de paradigma. de repente me habilita para ejecutar todas esas vías que tenía en el tintero. me permite dar un salto cuantitativo: todos esos proyectos que estaban en el fondo de mi mente con una posibilidad remota empiezan a materializarse. ahora puedo trabajar en seis o siete proyectos en paralelo que pensaba que jamás tendría tiempo de hacer. y eso da una recompensa neurológica: sentir esa productividad exacerbada, hacer cosas que creía imposibles, mola.

pero al mismo tiempo, esa capacidad brutal de crear te esclaviza. es guay por un lado, pero siento que tengo acceso a herramientas tan potentes que cada minuto que no les dedico a explotarlas al máximo siento que estoy perdiendo el tiempo. lo mismo que me da, me quita. ese subidón de dopamina —el mismo circuito de recompensa que explotan las drogas o las redes sociales— es a la vez una bajona, porque te genera la obligación de estar todo el día enganchado. y te ata hasta el punto de que ahora estoy trabajando en seis proyectos en paralelo, intentando dedicarles todos los minutos del día que no dedico a mi trabajo.

¿y cuál es el problema más grave? que te genera una prisa, una necesidad de correr y correr tan rápido que pierdes de vista los propios proyectos. en mi caso uso claude code. empiezas pagando la suscripción de veinte euros, usas el modelo sonnet, ves cómo funciona, mola mucho. con esos límites puedes trabajar en un proyecto a la vez: una sesión es fácil de monitorizar, de seguir, de ir guiando, y agiliza mucho. lo supervisas, ves lo que hace. pero somos vagos, tendemos a procrastinar, a minimizar el esfuerzo. y poco a poco vas perdiendo el foco, hasta que ni siquiera lo supervisas: aceptas todos los cambios por defecto y vas probando por encima. se convierte en una bola de nieve. te da el subidón de “qué rápido voy”, pero es una falsa sensación, porque llega un punto en que no estás haciendo nada más que darle a aceptar.

y esto es peligro real. la sensación es tan adictiva que piensas: “si pago la suscripción más cara, tendré más límites, podré hacer más”. pruebas la de doscientos euros al mes. antes de pagarla pruebas opus, el modelo más potente, y con tres o cuatro peticiones se te funde la ventana de cinco horas. pero te dura lo suficiente para ver un salto de calidad brutal entre el sonnet que usabas y el opus. y ahí ya sí que te compras la de doscientos, porque te va a permitir usar opus más.

es lo más parecido a un chute de heroína que voy a experimentar nunca.

de repente usas solo opus, que programa muchísimo mejor que yo, y solo lo superviso por si se desvía. empiezas a ver cuánto eres capaz de hacer en una ventana de cinco horas, y pruebas dos, tres, cuatro, cinco sesiones en paralelo. te plantas con cinco terminales abiertos, cinco claude opus trabajando a la vez durante cinco horas. es una locura.

trabajar en un único proyecto con cinco sesiones es difícil, aunque uses worktrees, por los conflictos. así que acabas trabajando en tres o cuatro proyectos distintos a la vez, con opus prácticamente en piloto automático todo el día. lo revisas casi nada. lo aceptas todo, porque es imposible revisarlo. y lo más crítico: estás constantemente cambiando el foco de un proyecto a otro. mandas un prompt, se ejecuta, lo repasas, lo diriges, cambias al otro proyecto porque ya terminó su tarea, y así durante horas. hace tiempo, en un blog antiguo más enfocado a la programación, hablaba de cómo programar con ia se había “tiktokificado”: swipe rápido, chutes de dopamina constantes. y se siente así. desde el punto de vista productivo es un tiktok de producción: voy saltando entre sesiones, comprobando si han terminado, metiéndoles caña.

¿el problema? que esos proyectos eran míos, ideas mías. antes —hace ocho, nueve, diez meses— la metodología nos permitía supervisarlo todo. yo tenía una imagen clara en la mente: la arquitectura, la estructura de ficheros, los casos de uso, las entidades, las tablas de la base de datos. sabía qué estaba bien y qué mal, y si había un problema sabía exactamente en qué fichero estaba. era el dueño de todo, tenía contexto de todo. ahora es lo contrario: tengo cinco proyectos completos y no he escrito ni una sola línea de código. es como decir que he escrito cinco libros sin haberlos leído. no tengo ni idea de qué van; sé cuál era mi idea, pero no los he leído. y este es el gran problema. podría leerlos, sí, pero ¿cómo, si eso me hace más lento? lo que quiero es aprovechar cada segundo de esa ventana de cinco horas. no hay tiempo para parar a leer, a probar. generalmente probaríamos cada funcionalidad, cada fix; haríamos un testeo manual, validaríamos. ahora no hay tiempo: se acumulan cambios y cambios hasta que ya no sabes en qué punto estás, qué funciona, qué se ha corregido, qué queda pendiente. pierdes el puntero.

por eso digo que esclaviza. la inteligencia artificial nos está abriendo tantas puertas a la vez que nos ha esclavizado a estar todo el día abriendo una puerta tras otra, sin pensar si deberíamos abrirla. muchas de estas cosas están a mi alcance: podría cambiarlas, gestionarlas distinto. pero esa sensación me obliga a no parar ni un segundo. y lo que de verdad me preocupa es qué va a pasar cuando esto termine. hoy pagas doscientos euros de tarifa plana; con esos límites, trabajando dos o tres ventanas de cinco horas al día a tope, los gastas. pero el coste real para la empresa es de miles de euros. si me cobraran lo que de verdad les cuesta, estaría pagando miles. quizá es marketing —no creo que solo marketing, pero algo hay—. mientras me ofrezcan esa tarifa plana, siento que tengo que aprovecharla hasta el último minuto, y me arrepiento de cada mes pasado en que no la pagué. y la tendencia no es ir más lento, sino más rápido: sale opus 4.6 y repaso lo ya hecho a ver si encuentra fallos; sale con un contexto de un millón de tokens; sale opus 4.7 con distintos niveles de esfuerzo, y a darle caña. ¿qué será lo siguiente?

esto es como la carrera espacial, a ver quién llegaba antes a la luna, sin saber dónde iba a acabar. pero la carrera de la ia es esa elevada al cubo: ya no es un país contra otro, son empresas contra empresas contra países. y no hay un claro ganador: gemini, chatgpt, claude, todos van bien. ¿cuándo va a parar esto? en algún momento tendrá que parar. pero mientras no pare, es una locura. y las víctimas reales somos nosotros. y el medio ambiente.

didacus · mmxxvifin · explicit
dídac
⁕ sobre el autor ⁕

dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce el siglo en el que vive. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.

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