lectura obligatoria, pero con el detector de mentiras puesto. livio (59 a.c.–17 d.c.) escribe bajo augusto, siglos después de los hechos que narra: para los primeros libros está reconstruyendo cosas pasadas hace casi 700 años. y no es un historiador a nuestra manera: la crítica moderna le reprocha que casi nunca contrasta sus fuentes ni distingue mito de dato; le importa más el carácter moral y la épica que la exactitud. el propio livio lo confiesa en su prólogo: cuenta lo que “embellece” el origen de roma. dicho de otro modo, “ab urbe condita” es el mayor monumento de storytelling y marketing político de la antigüedad, una máquina de forjar identidad nacional al servicio del régimen de augusto, no un documental. eso sí: leído como lo que es —relato, no acta notarial— es oro puro. de hecho el propio livio a veces te da la pista: con la loba de rómulo recoge, sin firmarla, la versión de que “lupa” era el mote de larentia entre los pastores, y “lupa” en argot romano era prostituta. léelo, disfrútalo, y desconfía
r.responsum