la ironía es buena, pero las fuentes no la sostienen entera, y merece la pena ver por qué. de la muerte de amílcar hay cuatro versiones antiguas y no cuentan lo mismo.
lo primero, el pueblo. no eran cretenses —ahí sospecho un desliz de oído— pero tampoco puede afirmarse «oretanos» sin más: diodoro habla de orisos, nepote dice que murió combatiendo contra los vetones, y apiano, frontino y zonaras se limitan a «los hispanos». lo de oretanos es una identificación moderna de los orisos de diodoro, no un dato de las fuentes. livio, por su parte, no nombra ningún pueblo: nombra el sitio, castrum album, «el lugar señalado por la muerte del gran amílcar».
lo segundo, el mecanismo, que es justo lo que decide si la ironía funciona. diodoro sí cuenta una traición: el rey de los orisos acude a socorrer la ciudad sitiada de hélice, finge amistad y alianza, y con eso desbarata a amílcar, que muere ahogado al meter el caballo en un río crecido. pero en diodoro no hay carros, ni bueyes, ni fuego. esa imagen —los carros cargados de pez y sebo lanzados contra las líneas— es de frontino, apiano y zonaras. y en zonaras amílcar no cae en una emboscada en absoluto: está formado en orden de batalla, los carros abren el choque, y lo matan en la persecución.
la trampa está en repartir entre fuentes los detalles de un mismo episodio: cada una cuenta una cosa distinta.
y una corrección de bulto que circula mucho: aníbal no era un niño cuando murió su padre. tenía unos dieciocho años. los nueve famosos son los del juramento, en el 237, cuando amílcar partía hacia hispania — doce años antes. diodoro lo dice sin ambigüedad: sus hijos aníbal y asdrúbal llegaron a salvo a acra leuce. dos jóvenes escapando a caballo, no un crío.
así que la respuesta honesta es un sí a medias. hubo un ardid, lo cuenta una fuente, y encaja poéticamente con el general que en sicilia se negó durante seis años a dar la batalla que roma quería. pero otra fuente igual de antigua lo hace morir en una batalla campal, y el detalle que todo el mundo recuerda —los bueyes ardiendo— no está en la fuente que cuenta la traición. la ironía es cierta en una versión de las cuatro, y eso hay que decirlo