pintura barroca de las lupercales con figuras desnudas, cabras y multitud en torno a un altar
andrea camassei (c. 1635) · museo nacional del prado, madrid · dominio público
festival

latigazos y caos: el verdadero festival romano de la fertilidad

lvpercalia

publicado actualizado

cada 15 de febrero, sacerdotes desnudos que habían sido tocados con sangre corrían por roma azotando a las mujeres con correas de piel de cabra. el rito de purificación que dio nombre al mes y sobrevivió casi mil años.

si hubieras paseado por roma a mediados de febrero, te habrías cruzado con hombres semidesnudos, embadurnados de sangre, corriendo entre la multitud y azotando a la gente con tiras de piel de cabra. y lo más perturbador no eran ellos: eran las mujeres, que en lugar de huir se acercaban a recibir el golpe.

era la lupercalia, una de las fiestas más antiguas y extrañas del calendario romano, tan vieja que ni los propios romanos se ponían de acuerdo sobre a qué dios honraba: unos decían que a fauno, otros a un tal luperco identificado con fauno o con pan, otros a la propia loba capitolina. se celebraba cada 15 de febrero, y para el calendario arcaico febrero no era un mes cualquiera, sino el final del año, el tiempo consagrado a la purificación. el nombre del mes viene precisamente de februum, el medio ritual de purificación.

el ceremonial arrancaba en el lupercal, la gruta al pie del monte palatino donde la tradición situaba el lugar exacto en que la loba amamantó a rómulo y remo. allí, los sacerdotes llamados luperci, organizados en dos colegios antiguos (quinctiales y fabiani), sacrificaban un macho cabrío y un perro; con el cuchillo ensangrentado tocaban la frente de dos jóvenes, se la limpiaban después con lana mojada en leche, y los jóvenes debían reír. luego cortaban la piel de las cabras en tiras —las februa— y echaban a correr casi desnudos alrededor del palatino, golpeando a cuanto ciudadano se cruzara en su camino.

las mujeres se colocaban a propósito en la ruta y ofrecían las manos o la espalda a los correazos. estaban convencidas de que el contacto con las tiras de piel garantizaba la fertilidad y un parto sin complicaciones. no era violencia gratuita, sino magia por contacto: una transferencia ritual de la fecundidad de los machos cabríos sacrificados hacia las mujeres en edad de concebir. para una sociedad obsesionada con perpetuarse, ninguna superstición sobre la descendencia era menor.

roma conquistó el mediterráneo con sus ingenieros y sus legiones, pero seguía corriendo desnuda tras las cabras para no extinguirse.

los historiadores modernos leen la lupercalia como un fósil ritual: un rito pastoral anterior a la propia ciudad, pensado para purificar el rebaño y el territorio, que roma conservó intacto durante siglos sin acabar de entenderlo. su carga política, en cambio, era muy real. en el 44 a.n.e., marco antonio corrió como luperco y aprovechó el tumulto de la fiesta para ofrecer a julio césar una diadema de rey ante el pueblo; césar la rechazó tres veces, midiendo la reacción del pueblo. el rito de la fertilidad servía también de escenario para sopesar el poder.

la lupercalia fue tan tenaz que sobrevivió al propio final del paganismo. todavía a finales del siglo v de nuestra era, con roma cristiana desde hacía generaciones, el papa gelasio i envió la célebre carta a andrómaco denunciando que aristócratas cristianos romanos seguían practicándola, porque la ciudad se negaba a soltar las correas. suele repetirse que la iglesia la sustituyó por san valentín para cristianizar el 14 de febrero, pero esa conexión es más leyenda moderna que hecho documentado. lo seguro es lo otro: durante casi mil años, la civilización más sofisticada de occidente decidió que la mejor manera de pedir un hijo era dejarse azotar por un desconocido que llevaba marcas de sangre en la frente.

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Si hubieras paseado por las calles de Roma a mediados de febrero, te habrías cruzado con hombres cubiertos de sangre corriendo para golpearte con un látigo. Ocurrió un día como hoy. Era el festival de la Lupercalia. Para el calendario romano original, febrero marcaba el final del año, y la metrópolis necesitaba purgarse de espíritus estancados. La palabra febrero proviene de "Februa", los instrumentos rituales de limpieza. El método no incluía incienso, sino violencia física controlada. Los sacerdotes realizaban ofrendas animales, se untaban en la sangre y cortaban la piel en tiras gruesas. Acto seguido, corrían semidesnudos alrededor del Monte Palatino soltando latigazos a todo ciudadano que se cruzara en su camino. Lejos de huir, las mujeres nobles de Roma se interponían deliberadamente para recibir los golpes en la espalda, creyendo ciegamente que este impacto transferiría la fertilidad y la protección de los dioses fundadores. El fervor de esta purga urbana era tan intenso que la Iglesia tardó cinco siglos en lograr prohibirla.

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fontes classicae.

  1. i. ovidio · fasti libro ii
  2. ii. plutarco · vida de césar 61

bibliografía moderna.

  1. i. t.p. wiseman · remus. a roman myth
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.