busto de mármol de pirro de epiro, copia romana hallada en herculano, museo de nápoles
marie-lan nguyen · cc by 2.5
batallas

la victoria pírrica de ásculo

pvgna ascvli

publicado

período
república temprana

en el 279 a.n.e. pirro de epiro vuelve a derrotar a roma en ásculo, pero pierde a miles de sus mejores soldados, irreemplazables lejos de casa. de aquella jornada nace la expresión «victoria pírrica» y la lección de que el éxito táctico puede condenar una guerra entera.

ganar una batalla puede ser el atajo más rápido para perder una guerra. nadie lo demostró con tanta crudeza como pirro, rey de epiro, en una llanura de la apulia hacia el 279 a.n.e. había cruzado el adriático para defender a la griega tarento de la expansión romana, y un año antes, en heraclea, había despedazado a las legiones con su falange y sus elefantes. ásculo iba a ser su segundo triunfo. también iba a ser el principio de su ruina.

tras el desastre de heraclea, cualquier estado antiguo razonable habría negociado. roma no. el senado, según la tradición, escuchó a pirro proponer la paz por boca de su embajador cineas, y estuvo a punto de ceder; fue el viejo y ciego apio claudio el censor quien, hecho llevar al senado por sus hijos, lo reprendió por discutir con un invasor mientras pisara suelo itálico. la asamblea rechazó el trato. en su lugar votó una nueva leva y mandó otro ejército consular, al mando de publio decio mus y publio sulpicio saverrión, a buscar a pirro a la apulia. el rey, que esperaba un imperio rendido, se encontró con otra hueste fresca dispuesta a morir.

el combate, según el relato más detallado, el de plutarco, duró dos días. el primero pirro peleó en mal terreno —un río de corriente rápida y orillas boscosas donde sus elefantes y su caballería apenas podían maniobrar— y la jornada quedó indecisa. el segundo se aseguró por adelantado el campo llano, desplegó de nuevo su muro de picas y lanzó a las bestias contra las líneas romanas. los romanos habían venido preparados: plutarco describe carros artillados con tridentes de hierro y garfios incendiarios para frenar a los paquidermos, pero la falange, técnicamente superior en campo abierto, volvió a abrirse paso. al caer la noche, pirro era dueño del terreno. había vencido por segunda vez. dionisio de halicarnaso, conviene decirlo, cuenta una versión distinta —una sola jornada, sin desenlace claro, en la que los romanos llegaron a romper el centro enemigo—, de modo que el detalle del segundo día descansa solo en plutarco.

ganaba el mapa cada vez que peleaba; perdía la guerra cada vez que ganaba.

la herida estaba en las cuentas, no en el campo. pirro había perdido a una parte enorme del ejército con el que había cruzado el mar y, lo que era peor, a casi todos sus oficiales y amigos. eran falangitas profesionales y mercenarios curtidos durante años, imposibles de reemplazar a tantas jornadas de su patria. las cifras concretas dependen de a quién se crea, y conviene atribuirlas: hierónimo de cardia daba seis mil muertos romanos; los propios comentarios de pirro reconocían tres mil quinientos cinco caídos suyos; dionisio elevaba el total de ambos bandos por encima de los quince mil. fuera cual fuera la cuenta exacta, la sangre que pirro perdía no se reponía del mismo modo que roma reclutaba la suya: roma podía perder seis mil hombres, aprobar otra leva y reponerlos en semanas con campesinos ciudadanos y aliados itálicos obligados por tratado a aportar soldados; pirro no podía reponer ni a uno solo de los suyos, muerto cada uno lejos de casa al cabo de una vida entera de guerra.

de aquella jornada nace la frase que lo hizo inmortal. según plutarco, cuando alguien lo felicitaba por el triunfo, el rey respondió que otra victoria semejante sobre los romanos lo dejaría completamente arruinado. de ahí viene «victoria pírrica»: el éxito que cuesta más de lo que vale, el que se gana en el campo y se pierde en el recuento. pirro, el general que casi todos los antiguos consideraban el más brillante de su tiempo, había topado con algo que su genio táctico no sabía batir: una ciudad con una reserva de hombres prácticamente inagotable y la voluntad política de gastarla.

conviene un matiz historiográfico, porque la divulgación tiende a contar ásculo como una sola escena nítida. no la tenemos. ningún relato contemporáneo sobrevive: las tres versiones que conservamos —plutarco, dionisio, casio dión— son muy posteriores y discrepan en lo esencial, desde el número de días hasta el de muertos. la idea de que roma vencía «por demografía» es, además, en buena medida una lectura retrospectiva: el cálculo del enorme reservorio de hombres de italia procede sobre todo de polibio, que escribió generaciones después y comparaba en frío la falange con el manípulo. lo que sí se sostiene como núcleo histórico es lo importante: pirro ganó la batalla, no pudo sostener las bajas y, tras un rodeo por sicilia, acabó marchándose de italia sin haber doblegado a roma. la frase resume con honestidad lo que las cifras solo insinúan.

la ironía duraría siglos. pirro había llegado para enseñarle a roma cómo se hacía la guerra a la manera helenística, con reyes, elefantes y maniobras de manual; se fue habiéndole enseñado a roma, sin querer, cuál era su verdadera arma. no la falange ni el genio de un solo hombre, sino una península entera convertida en cantera de soldados. el rey que ganó todas las batallas y perdió la guerra dejó tras de sí una expresión que seguimos usando cada vez que un triunfo nos sale demasiado caro, y una república que, apenas una década después, cruzaría el mar para disputarle a cartago el dominio del mediterráneo. ásculo no fue el final de roma: fue el ensayo de su método.

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fontes classicae.

  1. i. plutarco · vidas paralelas (vida de pirro) cap. 21
  2. ii. dionisio de halicarnaso · antigüedades romanas libro xx
  3. iii. polibio · historias (comparación general falange/legión a propósito de cinoscéfalas, otra batalla; no de ásculo) libro xviii, 28-32

bibliografía moderna.

  1. i. t.j. cornell · the beginnings of rome
dídac
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dídac

ingeniero de software, divulgador histórico. escribe sobre historia política antigua y la rabia que le produce su propio siglo. construye en internet una encyclopædia romana — y unas habitaciones más.