la monarquía expulsada de roma se negó a morir en silencio. su último intento de volver provocó una batalla tan desesperada que, en la memoria romana, la historia real acabó fundiéndose con el mito.
las fuentes antiguas no se ponen de acuerdo en la fecha: tito livio narra la batalla bajo la dictadura de aulo postumio albo —que la cronología varroniana fija hacia el 499 a.n.e.—, aunque él mismo reconoce que sus fuentes discrepaban; dionisio de halicarnaso, en cambio, la retrasa al 496, y esa es la fecha que más se ha impuesto en la tradición posterior. la tradición más difundida fijó el 496, y esa es la que suele citarse, aunque conviene recordar que las propias crónicas discrepaban. lo que ninguna discute es lo que estaba en juego. una poderosa coalición de ciudades latinas marchó contra roma con un ejército enorme; la encabezaba en el campo octavio mamilio, dictador de túsculo y yerno de tarquinio, mientras el rey depuesto la respaldaba desde el exilio. la joven república se jugaba su existencia en un solo día.
cuando la línea romana estaba a punto de ceder por el agotamiento, el comandante prometió a los dioses un templo a cambio de la victoria.
los dos ejércitos chocaron a orillas del lago regilo, en territorio latino, en una carnicería cuerpo a cuerpo entre falanges. fue un combate de empuje y desgaste, sin maniobras brillantes: dos muros de escudos que presionaron hasta que uno cediera. y la línea romana, exhausta, estuvo a punto de partirse. fue entonces, según el relato, cuando el dictador al mando, aulo postumio, elevó su voto a cástor y pólux, los dioscuros, los gemelos divinos, prometiéndoles un templo en el corazón de roma a cambio de la victoria.
la leyenda completó la escena: dos jinetes colosales sobre caballos blancos se materializaron al frente de la formación romana, arrollaron la línea enemiga y decidieron la batalla. aquella misma tarde, según la tradición, se vio a dos desconocidos de talla sobrehumana abrevar sus caballos en una fuente del foro y anunciar el triunfo antes de que llegara ningún mensajero. roma cumplió el voto: el templo de los castores se alzó en el foro y la batalla quedó sellada como un episodio en el que lo divino había intervenido en persona. los historiadores leen ese prodigio por lo que es, una construcción legendaria que dignificaba la victoria y daba sanción religiosa al nuevo régimen; pero el resultado militar —la derrota del intento de restauración— se tiene por un núcleo histórico plausible.
con regilo, la amenaza monárquica quedó liquidada. tarquinio murió poco después en el exilio, sin trono y sin ejército, y roma quedó definitivamente libre de reyes. el episodio cerró el ciclo que había abierto la expulsión de la monarquía y afianzó a la joven república frente a sus vecinos.
su consecuencia más duradera no fue, sin embargo, militar, sino diplomática. pocos años después, según la tradición, roma y las ciudades latinas sellaron un pacto de alianza —el llamado tratado de casio— que ponía fin a la guerra y las unía como socios en pie de igualdad para repartirse el botín y defenderse de enemigos comunes. los latinos pasaban así de rivales derrotados a aliados, y roma, de ciudad amenazada a cabeza de una coalición. ese giro sentó las bases de toda su expansión futura: el método romano de integrar y aliar a los vencidos, en vez de limitarse a aplastarlos, nace en buena medida del mundo que dejó regilo. la batalla que la leyenda ganó con dioses a caballo abrió, en la práctica, el largo camino de roma hacia el dominio del lacio.
pero la victoria escondía una ironía social amarga. la infantería plebeya que había puesto los muertos en regilo volvió a la capital para descubrir que la élite patricia la estaba arruinando con leyes de deuda implacables. los mismos hombres que acababan de salvar a roma de los reyes vieron que, puertas adentro, seguían siendo siervos en potencia. habían defendido la libertad de la república sin tener parte en ella. de esa indignación —la del soldado que sangra por una ciudad que lo trata como a un deudor— nacería, muy pronto, la primera gran protesta organizada de la historia de occidente.